Mi primera impresión, después de leer los seis documentos y de cambiarle de canal cada vez que aparecen los comerciales, me lleva a pensar que el impacto no será mayor y que no podemos calificarlo de favorable ni de desfavorable sino todo lo contrario. Veamos...
En primer lugar, el propósito de las reformas se orienta básicamente a la exploración y producción de crudo y a la elaboración de petrolíferos (la refinación), de modo que no toca de manera directa a la petroquímica que atañe al sector del plástico.
En segundo lugar, sigue y seguirá prevaleciendo la idea de maximar la renta petrolera, es decir, obtener de los hidrocarburos extraídos o los transformados a lo largo de la cadena el mayor valor económico posible para su empleo en el sostenimiento de la capacidad de producción y en el soporte de las finanzas públicas, con miras a invertirlo en infraestructura, educación, salud y otros rubros del gasto social del gobierno.
En ningún párrafo de las iniciativas se habla de que esa renta se vaya a canalizar al fomento de actividades industriales para dar alguna ventaja al productor nacional sobre sus competidores del exterior. A partir de lo anterior, no esperaría que los precios de los energéticos (combustibles o electricidad) bajaran y mucho menos los precios de los petroquímicos básicos (etano y gasolinas naturales) que son materias primas para la cadena del etileno y sus derivados.
Por lo tanto, los beneficios de la reforma para nuestro sector tendrían que darse en una segunda o tercera instancia, como resultado indirecto de los efectos del empleo de la renta petrolera en la economía, en el consumo de la población y ya después en la actividad industrial.
Entonces, ¿qué reformas se necesitarían para que el efecto fuese directo en nuestro sector?...
Las dos que se me ocurren "a primer bote" son:
- Una reforma del modelo económico donde la construcción de la competitividad no se base, solamente, en dejar libres las fuerzas del mercado y se utilicen los recursos y las ventajas a nuestro alcance para inducir eficiencia, productividad, creación de valor, etc.
- Una reforma a reglamentaciones que propician un tratamiento desigual a diferentes sectores, en especial de la industria, protegiendo solamente a unos que, en muchos casos, sus empresas no lo necesitan
Sobre la primera reforma, mejor no abundo porque implica cambiar la manera de pensar de quienes dictan las políticas de desarrollo y, también y más importante, deshacer las ataduras que obligan a nuestros gobiernos a seguir esos modelos "a pie juntillas".
La segunda es más posible (sic) porque existen los preceptos legales que nos permitirían respaldar nuestros argumentos y propuestas. Veamos...
La industria farmacéutica establecida en el país goza de una protección que ya quisiéramos muchos otros sectores pues el Reglamento de Insumos para la Salud exige que, para estar en condiciones de importar estos productos, se tenga instalada una fábrica de medicamentos en México. En otras palabras, se protege la fabricación local de medicamentos impidiendo su libre comercio y como el instalar un laboratorio no es "enchílame otra", sólo los que ya están o aquellos que vengan (ya siendo farmacéuticos) tienen acceso a ese beneficio, a esa protección...
La industria automotriz también ha tenido sus protecciones al restringirse la importación de autos nuevos a solamente los comercializados por distribuidores autorizados y previa aprobación del permiso de importación (hasta 2004) y para los usados, solamente a aquellos con 10 o más años de uso y que cumplan con las regulaciones ambientales vigentes en el país. Por lo tanto, el libre comercio fue (y sigue siendo en algunos casos) sujeto de restricciones en favor de los productores establecidos en el país.
Y en plásticos o para los plásticos ¿qué?... Nada en particular desde hace 40 años, aunque está en vías de formalizarse un programa sectorial de competitividad que la ANIPAC ha estado gestionando con la Secretaría de Economía, aunque será muy difícil obener tratamientos especiales como los que reciben la farmacéutica o la automotriz.
De cualquier forma, hay motivos para mantenernos optimistas y seguir confiando en nuestras capacidades y nuestro esfuerzo como las mejores vías para impulsar a nuestra industria y nuestras empresas.
En próximas Cartas al Industrial trataré algunos de estos asuntos, las oportunidades que los transformadores tienen para crear valor en sus empresas y nuevas formas de ver la cadena de suministro, en particular, a nuestras materias primas.
Hasta pronto...
Eduardo de la Tijera Coeto
