Esta persona no dijo que están publicitando las bolsas reusables como si no fueran de plástico sino solamente “de tela” además de estarle preguntando al cliente de manera mañosa a través de cartelones en las tiendas si sabe que “en la fabricación de una tonelada de plástico se consumen 11 barriles de petróleo”. Imagino que en Wal Mart no saben que el polietileno no proviene del petróleo crudo sino de los líquidos del gas natural y que 11 barriles equivalen a 1,224 kilogramos de hidrocarburo por lo que la “ineficiencia” sería sólo del 22.4%, eso sin considerar que parte de esos 11 barriles se emplean como combustible para transformar el hidrocarburo del pozo en etileno y luego en polietileno y que, en la realidad, del 100% del recurso fósil empleado a lo largo de toda la cadena, 11% son combustibles y 89% es material. Siendo justos, no tienen por qué saber tanto detalle, como tampoco tienen por qué andar sesgando la información con tal de vender las susodichas bolsas que, de todas formas son de plástico no tejido.
Si las bolsas reusables chinas, que cargan 15 kilos de mercancía y pesan 80 gramos incluida una lámina de polipropileno que hace las veces de base para rigidizarlas, les están costando cerca de los 15 pesos que cobran por cada una, supongo que en su búsqueda en México no se acercaron a los fabricantes de sacos de raffia quienes, en tirajes grandes como el inicial de Wal Mart (150 mil piezas), se las podrían haber vendido a 3.50 pesos cada una, más 68 centavos adicionales por la impresión. Si no me falla la agricultura, 4 pesos con 18 centavos están más cerca de los 3 pesos que yo dije al principio que de los casi 15 pesos a lo que dicen les costaron. ¿Quién se está quedando con esa diferencia?
Se me hace que el departamento de compras no hizo bien su chamba…
En fin, lo importante no es entrar en polémica con alguien en particular, persona o empresa, sino tratar en forma abierta, clara y justa los asuntos centrales como la sustentabilidad de los empaques o la mercadotecnia verde aunque en ocasiones tenga que hacer alusión a nombres de marcas o razones sociales para ejemplificar y dar soporte a mis argumentos con casos reales y concretos.
La sustentabilidad de los empaques es un asunto mayor y su búsqueda por parte de muchas empresas es una tendencia definitiva e irreversible. Sustraerse de ella o querer ignorarla es tanto como condenar a la desaparición a nuestras empresas y, a la larga, a nuestra industria.
Uno de los asuntos centrales al tema de la sustentabilidad es cómo la definimos porque en ello podemos darle en el clavo o cometer errores crasos. No debemos adoptar un concepto ni definir la sustentabilidad de manera laxa ni estricta porque entonces todo o nada cabe, cualquier cosa o ninguna es factible y, en ambos casos el efecto que queremos lograr al final, acaba siendo marginal o nulo.
He visto dos definiciones que conviene comentar. La primera es de la Coalición para los Empaques Sustentables una organización creada en los Estados Unidos que agrupa a los grandes dueños de las marcas y otras empresas no tan grandes de diferentes eslabones y cadenas industriales o de servicios como Abbott Laboratories, Amcor PET Packaging, BASF, Chevron Phillips, Colgate-Palmolive, ConAgra Foods, Constar, Dow Chemical, Dupont, Heinz, Henkel, Johnson & Johnson, Kraft Foods, Mattel, Microsoft, McCormick, McDonalds, Nike, PepsiCo/Frito Lay, Philip Morris, Procter & Gamble, Sara Lee, Spartech, Starbucks Symantec, Target, The Coca-Cola Co., The Clorox Co., Unilever, entre muchas otras.
La Coalición tiene un octálogo para los empaques sustentables que delinea los atributos requeridos en ellos para considerarlos así, sustentables.
A. Son benéficos, seguros y saludables para los individuos y las comunidades a lo largo de su ciclo de vida
B. Cumplen con criterios de mercado en cuanto a su desempeño y costo
C. Se abastecen, manufacturan, transportan y reciclan usando energía renovable
D. Maximizan el uso de materiales renovables o reciclados
E. Fabricados con tecnologías limpias y las mejores prácticas
F. Hechos con materiales “saludables” para todos sus probables escenarios de uso final
G. Han sido diseñados, físicamente, para optimar materiales y energíaSe recuperan y se utilizan en ciclos biológicos o industriales “de la cuna a la cuna”
Como lo expresé en el 1er. Foro sobre Innovación en Polipropileno organizado por Milliken, al que asistieron técnicos y mercadólogos de grandes empresas como las arriba mencionadas, cumplir con los ocho requisitos es prácticamente imposible. Baste con ver en el punto “C” y preguntarse ¿quién usa energía renovable en sus fábricas o, peor aún, en los transportes con los que mueve sus productos?. El punto “H” también presenta serias dificultades para darle cumplimiento cabal al octálogo porque involucra acciones muy puntuales por parte de los consumidores finales (separación, microacopio, entrega, etc.) que, sin ellas, no se pueden cerrar los ciclos y, por ende, no se lograría que el empaque recorriera el trayecto “de la cuna a la cuna”.
No obstante las dificultades para observarlo, el código de la Coalición es plausible (loable, meritorio, admirable y aceptable) porque ofrece un “mapa de ruta” que podemos usar para encaminarnos hacia una visión de sustentabilidad. Un documento muy completo que describe a detalle cada uno de los ocho criterios se puede descargar del sitio de la Coalición.
Una definición alterna es la que propone la Alianza para el Empaque Sustentable creada en Australia en 2002 por la Universidad de Tecnología de Victoria, la Universidad RMIT y Birubi Innovation Pty Ltd. La definición acaba de ser revisada en noviembre de 2007 y está disponible en el sitio de la Alianza. El documento es excelente porque revisa otras aproximaciones y proporciona una gran información sobre los antecedentes de su modelo y algunas herramientas para la selección de empaques que consideran el balance entre economía, desempeño, seguridad y sustentabilidad.
La Alianza precisa que la sustentabilidad de los empaques es un asunto complejo, que debe abordarse con una aproximación de sistemas, es decir, considerando múltiples variables, causas y efectos interrelacionados por lo que no puede soslayar la concurrencia de factores sociales, económicos, tecnológicos y ambientales que inciden en los resultados e impactos finales y, muy importante, que el asunto debe abordarse con una visión de cadena por las transferencias e interacciones de diferentes eslabones y entidades de naturaleza a veces muy distinta (p.ej.: los productores, los usuarios intermedios, los comercializadores, consumidores, reguladores, etc.).
La Alianza define la sustentabilidad de un empaque en función de cuatro principios:
1. Efectividad: Beneficio social y económico, funcionalidad, costo…
2. Eficiencia: Uso de materiales y energía, transporte, generación de residuos…
3. Ciclicidad: Recuperabilidad, reusabilidad, reciclabilidad, biodegradabilidad, …
4. Seguridad: Producción limpia, toxicidad, migración…
Además de los principios, proporciona criterios e indicadores para evaluar el desempeño que vienen a auxiliar la planeación y la toma de decisiones de las empresas aunque estas no pueden darse en forma unilateral e independiente de los demás integrantes de la cadena de suministro, incluido el consumidor final.
No me detendré más en describir la información que está disponible a todos nosotros y pasaré a ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que tenemos enfrente y algo de lo que nos tocaría hacer, que les presentaré en subsecuentes notas.
Sus comentarios son más que bienvenidos en el Café Plastitlán, un rinconcito para la charla sustentable…
Saludos a todos.
Eduardo de la Tijera Coeto

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