jueves, 6 de noviembre de 2008

Degradar o no degradar... He ahí la pregunta...

El 20 de octubre pasado, el Senador Jorge Legorreta presentó una iniciativa para modificar la Ley General para la Prevención y la Gestión Integral de los Residuos Sólidos que busca añadir la obligación de llevar a cabo un programa de sustitución de bolsas de plástico por materiales biodegradables. La iniciativa se puede consultar en http://www.senado.gob.mx/gace.php?sesion=2008/10/21/1&documento=18.

En la exposición de motivos de la iniciativa abundan aseveraciones sobre las bolsas de plástico, sus perjuicios a la salud y a la ecología que se sustentan en varias referencias indicadas al final de la misma.

Si uno tiene paciencia y el cuidado de verificar esas aseveraciones, encontrará que la gran mayoría son copia al carbón de un documento anónimo titulado The Dangers of Plastic Bags (http://lee.ifas.ufl.edu/FYN/FYNPubs/TheDangersofPlasticBags.pdf) que después fue traducido de igual manera (copy-paste) al español por Jolubate, un periodista de Cd. Juárez, documento que pueden encontrar también en la siguiente liga: http://futurocostaensenada.files.wordpress.com/2008/09/bolsasdeplastico.pdf.

Si se dan el tiempo, verán que las mismas frases y cifras que encuentran en la iniciativa están en los otros dos documentos, ambos anónimos, lo cual hace pensar si el Senador Legorreta se tomó la molestia de investigar la información que plasmó en la exposición de motivos (la parte de la iniciativa donde justifica sus propuestas) o si simplemente encontró el documento y se lo fusiló para dar la impresión de que sus planteamientos tienen sustento.

Pero eso no es lo importante. Lo importante es que se habla de que los materiales degradables son mejores para el medio ambiente que los reciclables y, además, se piensa que siendo "bio" es todavía mejor, como si lo bio fuese, en sí mismo, "lo hermoso".

Cuando una tonelada de bolsas de polietileno se degradan, los productos resultantes son bióxido de carbono y agua porque el polietileno está compuesto solamente de carbono e hidrógeno (eso se enseña hoy en la secundaria). No hay que hacer muchas cuentas para saber cuánto bióxido de carbono resulta de degradar esa tonelada de polietileno: 3.1 toneladas de gas carbónico que, es más que bien sabido constituye el compuesto con mayor efecto invernadero después del vapor de agua (en.wikipedia.org/wiki/Greenhouse_gas), superior entre 2 y 3 veces al gas metano y entre 3 y 4 veces a los óxidos de nitrógeno.

Entonces, si se decide degradar esa tonelada de bolsas de plástico en lugar de reciclarla, estaremos generando 3 toneladas del segundo gas de invernadero más abundante. Para colmo, estaremos destruyendo en unos cuantos meses una tonelada de hidrocarburos que tardaron millones de años en formarse.

Otra de las falacias que se manejan en los documentos que el Senador empleó para respaldar su iniciativa es la de que los plásticos acabarán con el petróleo. Falso de todas las falsedades. Todo el consumo nacional de plástico, no sólo el de las bolsas, representa apenas el 1.6% (o 70 mil barriles diarios) de todos los hidrocarburos consumidos en el país mientras que las camionetas SUV son responsables de un consumo mayor de hidrocarburos y a estas no les han prestado atención para regularlas (¿será porque muchos legisladores las prefieren?)...

Adicionalmente, los estudios de ciclo de vida de las bolsas plásticas realizados en Estados Unidos (sus resultados ilustran una posible realidad para Mexico) indican que el impacto ambiental de las bolsas reciclables es menor al de otros tipos de bolsas, incluidas las degradables de plástico y, por supuesto, las de papel.

Contrario a estas realidades, en noviembre de 2007 en San Francisco se prohibió que los comercios dieran las bolsas de plástico convencionales y, en su lugar, se les obligó a que fueran de papel, compostables (si eran de plástico) o reusables.

Diez meses después, se hizo una investigación en campo visitando 25 tiendas de autoservicio de varias cadenas (Kroger, Safeway, Walgreens, entre otras) y los resultados son asombrosos:


  • Todas las cadenas cambiaron de plástico a papel. Sólo una ofrece la opción de plástico reusable. No se hallaron bolsas compostables en ninguna de las 25 tiendas
  • El número de consumidores que llevan sus bolsas resuables no varió, es similar al de otras ciudades donde esta medida no se ha impuesto
  • Se observó que la práctica de doble embolsado persiste con las bolsas de papel y en muchos casos es sólo porque los empleados de las tiendas suponen que así lo quiere la gente
  • Muchos de los depósitos para recolectar las bolsas reciclables que antes había en las tiendas fueron retirados

Si las autoridades de San Francisco pensaban que su regulación iba a reducir el impacto ambiental de las bolsas comerciales, se equivocaron. Se están usando las mismas o más bolsas de papel que las anteriores de plástico y, quizá por no haberlo tomado en cuenta, el impacto al medio ambiente es mayor pues los estudios de ciclo de vida han demostrado que las bolsas de papel (aunque degradables, bios y demás) provocan emisiones de gases de invernadero entre el doble y el triple que las de plástico, consumen 17 veces más agua en su elaboración y 2.4 veces la energía que sus contrapartes de plástico, además de generar 7 veces más residuos sólidos.

No se trata de ver qué material es mejor sino de poner en su justa dimensión lo que pareciera haber sido una decisión benéfica para el medio ambiente y sus resultados reales.

El asunto clave no es si son de plástico o de papel sino qué podemos y debemos hacer, en cualquier caso, para reducir, reusar y reciclar... En este asunto, las regulaciones tienen poco qué hacer si los consumidores no aportamos lo que nos corresponde.

Por eso he dicho que antes de degradar, hay que reciclar y, en el tema que nos ocupa (las buenas intenciones del Senador Legorreta) antes de legislar hay que informarse bien...

¿Qué opinan?...