martes, 7 de mayo de 2013

El Mercado de Plásticos Biodegradables...

No lo digo yo, lo dice IHS antes CMAI, la firma extranjera de consultoría preferida de muchos industriales mexicanos: El mercado de plásticos biodegradables crecerá a tasas cercanas al 15% anual...

Así lo reportó Plastics News el lunes antepasado en  su sitio de internet. Se puede consultar en (http://www.plasticsnews.com/article/20130422/NEWS/130429995/report-biodegradable-plastics-demand-growing-15-percent-annually).

IHS indica y atribuye tal dinamismo a dos factores: la presión de los consumidores y las legislaciones (en contra de los plásticos). Califica al mercado actual como “joven” y “todavía pequeño” aunque apunta que esos dos factores serían los responsables del rápido crecimiento que ellos estimaron. Apunta que los productos plásticos en los que más se expresaría esta tendencia serían los empaques para alimentos y los artículos de servicio para alimentos (“food-service”).

Aunque en la nota de Plastics News menciona de manera específica las prohibiciones a las bolsas, en el resumen de IHS se mencionan otros factores regulatorios asociados a Europa, principalmente, como la Directiva sobre residuos de empaques plásticos, “ciertas” prohibiciones a las bolsas y otras regulaciones sobre recolección y disposición final de los residuos sólidos para minimizar su confinamiento en rellenos sanitarios.

Los segmentos de la demanda que IHS analizó incluyen los empaques para alimentos, vajillas y cubiertos (desechables), los empaques espumados, las bolsas para basura orgánica (las refiere como bolsas compostables), películas para recubrimiento de papel, plásticos agrícolas y hortícolas, además de un renglón de “otros” que quizá sea el de menor tamaño.

IHS estima que la demanda de plásticos biodegradables en 2012 ascendió a 269 mil toneladas y sus proyecciones la llevan hasta 525 mil toneladas en 2017, es decir, un crecimiento anual promedio de 14.3%, envidiable para cualquier mercado. Apunta que el grueso de la demanda se localiza en Europa, seguida de los Estados Unidos y en menor medida Asia.

En el análisis que llevó a cabo IHS también tomó en cuenta varios asuntos (“issues”) relacionados con los plásticos biodegradables como su procesabilidad, su reciclabilidad y el efecto en la posible contaminación de las corrientes de otros residuos plásticos reciclables y su estandarización, así como los aditivos degradantes refiriéndose solamente a los “oxo”.

De la misma manera, centra su análisis en cinco familias de materiales plásticos (resinas): el ácido poliláctico (PLA), los polímeros basados en almidón, los polihidroxialcanoatos, las policaprolactonas y los copoliésteres alifáticos y aromáticos basados en petróleo. No menciona las poliolefinas y otras resinas termoplásticas que no son biodegradables de acuerdo a los estándares ASTM D6400, D6866 y D6868 y sus homólogos europeos. Igualmente hace referencia a los organismos certificadores como el Biodegradable Products Institute de los Estados Unidos, la DIN Certco de Alemania, o Vincotte de Bélgica.

Dado que algunos materiales biobasados como el polietileno obtenido de etileno proveniente de alcohol de caña no son biodegradables conforme los establecen los estándares considerados en el estudio, no se incluyeron en la cuantificación de la demanda en 2012 ni en las proyecciones a 2017.

Es decir que los materiales y productos plásticos biodegradables analizados se circunscriben a aquellos que satisfacen los requerimientos de compostabilidad establecidos en los estándares referidos en el reporte.

Si bien las cifras y proyecciones que presenta el reporte son muy interesantes, igual apunta que los plásticos biodegradables analizados representan apenas el 1% del consumo total de plásticos en el mundo de modo que con todo y la gran dinámica que se prevé, seguirán constituyendo una porción bastante menor dentro de cinco años.

Las barreras para que el consumo de estos plásticos sea más amplio, IHS las ubica en dos aspectos: La limitada capacidad para el composteo de estos residuos y el precio de los materiales y, por ende, de los productos finales.

Si el primer asunto –la capacidad de compostaje- no se resuelve de manera suficiente y oportuna, el desarrollo del mercado de estos plásticos se vería obstaculizado en gran medida, lo apunta IHS, ya que al no poderse disponer en plantas de composta, el mayor precio no se justificaría pues al confinarlos en rellenos sanitarios, dejarían de ser biodegradables.

Con la información proporcionada por IHS y aún sin contar con el texto y las cifras completas (el reporte cuesta 5 mil dólares) lo divulgado por la firma consultora tiene un gran valor porque nos permite poner en perspectiva algo que se ha venido difundiendo por sin mucho respaldo analítico: Que los plásticos biodegradables pueden o incluso van sustituir a los plásticos derivados de hidrocarburos.

De acuerdo a lo pronosticado por IHS, en cinco años y con tasas anuales del 15%, los plásticos biodegradables representarían apenas el 1.7% del consumo total de plásticos en el mundo. Si esa tasa se mantuviera durante 35 años, la sustitución alcanzaría sólo el 50% y para que fuese total se requerirían otros 7 años más, es decir, 42 años en total.

Lo anterior, a todas luces, echa por tierra la hipótesis de la sustitución de los plásticos derivados del petróleo por los biodegradabes. Más aún, deja mal parados a quienes abogan por la sustitución o incluso la prohibición de ciertos plásticos (las bolsas, el EPS) bajo la falsa premisa de que hay sucedáneos biodegradables que los podrían reemplazar.

La realidad es que aún existiendo los productos sustitutos, la sustitución sería parcial –diría marginal- y costosa. Además, si no hay una infraestructura para procesar esos plásticos mediante compostaje o los residuos no se recolectan en forma separada, la sustitución perderá sentido en lo ambiental.

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

PD: Los plásticos aditivados con degradantes no fueron considerados en el análisis y las proyecciones de demanda de IHS porque, de acuerdo al marco de referencia que sus consultores definieron, dichos plásticos no consideran como biodegradables al no estar en conformidad con los estándares de biodegradabilidad referidos en el reporte.

Nota: El resumen del reporte publicado por IHS lo pueden consultar en su sitio en internet:
http://www.ihs.com/products/chemical/planning/ceh/biodegradable-polymers.aspx.

viernes, 3 de mayo de 2013

To BPA-Free or Not to BPA-Free...


Desde la minifalda no había surgido una moda que atrajera más a los medios que las paranoias acerca del Bisfenol-A...


Siento mucho interrumpirles de nuevo. Algunos dirán que no tengo chamba y por eso escribo tan seguido. Otros se compadecerán de mí pensando que me abandonaron y quizá haya quienes caigan en cuenta que las cosas suceden más rápido que antes porque el mundo gira alrededor de su eje cada 24 horas y no habíamos reparado en esto.

Hace días, la Diputada Federal Eva Diego Cruz del PRD presentó una proposición de punto de acuerdo en San Lázaro que busca exhortar a la Comisión Federal para la Prevención contra Riesgos Sanitarios (la COFEPRIS) a fin de que “emita medidas a fin de limitar el uso de productos que contengan bisfenol A en el embazado de alimentos” y también “prohíba la producción y la venta de biberones de policarbonato, así como de productos que contengan bisfenol-A utilizados para la alimentación de bebes”. La cita es textual de modo que los errores ortográficos no son míos, aunque el subrayado sí es de mi coleto. Seguramente la diputada se refería al “embazado” como la acción del bazo (órgano de la cavidad intestinal) mediante la cual contiene al resto de los órganos del cuerpo humano y a los “bebes” porque le preocupa el rampante consumo de bebidas alcohólicas en los menores de edad.

Como dicen que en las Cartas al Industrial soy sarcástico, debo confesar que en esta ocasión sí lo estoy siendo (no niego que en otras también) pero la falta de dominio del procesador de palabras de la misma diputada me da pie a que resalte sus barbaridades, máxime que forman parte de un documento oficial de nuestra máxima representación nacional. En fin…

La diputada habla de prohibiciones en Canadá, Europa y Estados Unidos que no son tales. Omite que ninguna autoridad sanitaria ha puesto al policarbonato en la lista de materiales prohibidos para contacto con humanos. Su causa la fundamenta en dichos y en estudios que las entidades oficiales no han acreditado. Según yo, sólo busca atraer los reflectores…

El BPA, mote dado al Bisfenol-A como J-Lo a Jennifer López o CR-7 a Cristiano Ronaldo, es un producto químico que convive con nosotros desde antes que la mayoría tuviéramos uso de razón. Sirve como endurecedor de las resinas epoxi –Aldimir, corrígeme si yerro- y como el monómero en la fabricación de policarbonatos.

Aunque deriva del fenol, no es como el fenol, como dirían algunos hijos de malosos o de políticos de dudosa probidad. Al emplearse como monómero, es tan igual para el policarbonato como lo es el ácido tereftálico (TPA) para el PET, sin que esto signifique que el BPA o el TPA actúen solitos una vez polimerizados. En otras palabras, el contenido de BPA libre en el policarbonato o en las resinas epoxi se puede controlar tanto como se quiera y como la aplicación lo exija.

La fama del BPA deviene de un furor mediático por dar cabida a reportes de quimi-fóbicos o plasti-fóbicos donde, para demostrar que un compuesto químico hace daño, atiborran a ratones o a otros animales de tal compuesto de modo que la consecuencia lógica es que se les boten los ojos, se les caiga la cola, tengan mutaciones o incluso desarrollen cáncer.

Así ocurrió hace casi 40 años cuando yo estaba en Detroit, siendo el único mexicano cerca de Chicago con alguna noción de química y el Gobierno Mexicano me pidió que asistiera a una conferencia de la EPA donde se hablaría de los bifenilos policlorados.

El aquelarre en contra de los PCBs estaba previamente montado. Investigadores de Italia y otros países mostraron “evidencias” de que los PBCs ocasionaban trastornos en los animales si su dieta de maicito o algas se sustituía por la misma cantidad del “horripilante” químico.

Imagínense qué pasaría si en vez de sus sagrados alimentos se atiborraran sólo con litros y más litros de agua o de jugo de toronja. ¿A los cuántos días estarían anémicos o con una gastritis matadora? Cambien el agua o el jugo por aceite de ricino, por detergente líquido o aceite automotriz y no tendrán que imaginarse cómo se sentirán a media semana.

Eso pasó con el BPA. En dosis extremas, claro que hace daño. Las dosis aplicadas a ratones son mil veces mayores a las dosis permitidas por la FDA en humanos. ¿Será que los ratones son mil veces más resistentes que nosotros? No lo creo, aunque “los ratas” seguro que sí lo son…

Estas “evidencias” las explotaron a cual más los medios de comunicación porque les daba “rating”. Imaginen a Galiela o a Laura Bozo discurriendo en sus programas sobre los efectos del BPA en la alteración genética, el desarrollo del cáncer y –ahora que está en oídos de todos- la obesidad de los mexicanos. ¡Bendito BPA dirían los productores de frituras!...

La proposición de la Diputada Diego Cruz deberá seguir su curso en San Lázaro. Si es que la aprueban, el exhorto tendrá que llegar a la COFEPRIS que no podrá tramitarlo sin antes iniciar una investigación, recabar evidencias, llamar a especialistas, analizar los datos y, ya después, emitir su veredicto. Con todo esto, todavía hoy podríamos decidir embarazarnos, esperar los nueves meses para el parto, tener al chamaco o la chamaca y darle su fórmula en biberones de policarbonato antes de que los prohíban.

Decirse “BPA-Free” es la moda. Así se etiquetan muchos productos, ya sean botellas, tazas o thermos de aluminio, vasos de cartón, vajillas de cerámica. En una de esas igual podrían decir las cremas para el acné, los condones o las escobas, los servicios bancarios o los parquímetros en el DF. El chiste está en verse como protectores de la salud de sus clientes.

La paranoia BPA-fóbica no queda ahí, en las resinas epoxi o en el policarbonato. No faltan los blogs y correos que dicen que el PET, el poliestireno expandido y los demás plásticos usan BPA como materia prima o liberan BPA u otra sustancia tóxica y advierten de manera alarmista ¡No tomes agua embotellada! ¡No compres chicharrones, esquites o helados en Coyoacán que vengan en charolas o vasos de unicel! ¡No toques el volante de tu auto, usa guantes o te dará artritis! ¡Usa condones biodegradables para no quedar estéril o impotente!

La desgracia es que estas fobias se reproducen en todo tipo de medios. En notas periodísticas, en blogs, en correos masivos y en las redes sociales abriendo así una multiplicidad de frentes difíciles de combatir. Las conferencias de prensa o una página en internet son ineficaces para presentar los desmentidos porque ese no pelean el principal campo de batalla.

La diputada, los “defensores” de la salud o del medio ambiente, los medios y muchos otros buscan hacer su agosto a costa de la desinformación y del sensacionalismo. Lo menos que debemos hacer es denunciarlos públicamente, aunque no les guste.

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

lunes, 29 de abril de 2013

Para el Día del Niño...


A los diez años tuve mi primera cuenta en el banco “para que aprendiera a ahorrar”. Medio siglo después nos dicen que tenemos que educarnos...


En aquellos entonces, los bancos abrían los sábados, y mi padre –Don Eduardo- me llevó a la oficina matriz del Banco de Comercio de Torreón a que abriera mi primera cuenta pues quería que me educara en el ahorro y en el uso de los servicios bancarios. No obstante ser el gerente de ese banco, me tocó hacer fila con Marthita, la subgerente, que tomó mis datos, recabó mi firma y la de mi padre y me entregó la libreta verde donde la máquina registradora había impreso la cifra de 54 pesos, el primer depósito, sacado de la alcancía de plástico –conste- que minutos antes había vaciado sobre su escritorio. Mis domingos se redujeron a la mitad por la “retención voluntaria” para hacer efectivo ese aprendizaje y el hábito de ahorro.

El viernes pasado, en Acapulco, los banqueros hablaron en forma insistente y sesuda acerca de la “profundización” y de la “educación” financiera refiriéndose a la urgente necesidad de que más mexicanos tengan una cuenta de banco y que la tengan desde jóvenes, para así dinamizar más el sistema financiero del país atrayendo el dinero de quienes desde hace mucho lo guardan debajo del colchón o en cajas de zapatos usadas en un rincón del closet.

La medida no creo que sea tan voluntaria como parece ante las declaraciones de sus dirigentes. Más bien, creo, es una respuesta anticipada a la reforma financiera que viene donde se verán obligados a canalizar más crédito al sector privado, en especial las PyMEs.

Al gobierno le tocará también poner algo de su parte. El impuesto a los depósitos en efectivo limita la “profundización” porque el cuentahabiente potencial está bastante educado y sabe que si sus ingresos son en efectivo, poco le sirve tener una cuenta en el banco si le quitan el 3% de estos cuando exceden los 15 mil pesos en un mes. Una familia de 4.3 personas –el promedio nacional- donde al menos la mitad trabaja por su cuenta está sujeta a este impuesto si su ingreso alcanza 4 salarios mínimos diarios, es decir, 238 pesos.

En el caso del crédito a las PyMEs, la situación no es diferente. Las regulaciones permiten que los bancos exijan garantías muy superiores al valor del dinero prestado. Por ejemplo, un industrial que quiere adquirir maquinaria o equipo por “equis” cantidad tiene que dar en garantía tres veces ese monto, dos de colateral y uno por el bien que va a adquirir.

Por eso, al menos en la industria del plástico y en muchas más, el crédito descansa en los proveedores que, a su vez necesitan respaldarse con otros créditos o a través del precio de sus mercancías, lo cual induce a una inflación de costos indeseable para la competitividad de la cadena proveedor-cliente.

Ya no hablemos de las tasas de interés que son punto aparte y que reflejan una de dos: la ineficiencia del sistema bancario traducida en altos costos o su avidez por las ganancias.

En fin, que para ser Día del Niño, las noticias no son malas aunque falta ver cómo esas buenas intenciones se convierten en buenas acciones.

Otra declaración relacionada con la convención bancaria es la que escuché la noche del viernes en una entrevista que le hicieron al Secretario de Hacienda, Luis Videgaray. La incluyo en esta Cartas al Industrial porque la juventud del funcionario me da pie a que lo relacione con lo que mañana festejamos, y no porque piense que lo dicho por él es algo infantil, conste.

El Secretario Videgaray decía acerca de México que “nuestro crecimiento no va a provenir de situaciones favorables en el entorno internacional”, asunto que –como el chiste de Pepito, el Elefante y el Gusano- es pertinente y me remite a algo que ya les he comentado antes.

Aunque la macroeconomía esté bien, los signos externos que se podrían considerar como favorables para un crecimiento en 2013 mayor al de 2012 están muy borrosos. La situación financiera mundial es muy endeble. Chipre ya nos lo hizo ver, no obstante su pequeñez. El desempleo en España sigue creciendo. La Señora Merkel no va a arriesgar su liderazgo por salir a rescatar a otros países europeos. La economía de los vecinos del norte sigue avanzando a paso lento y su problema de déficit fiscal aún no se resuelve. De ahí que la parte de nuestra industria que atiende los mercados internacionales no tenga un panorama tan halagador.

Los índices del consumo doméstico siguen aplanados, en términos reales, todavía son negativos. No sólo los Índices de la ANTAD a tiendas iguales en el primer trimestre sino también los del INEGI de enero-febrero, tanto el general como en todos sus rubros excepto los automóviles y las motocicletas. Insisto, los índices del comercio al menudeo son el mejor termómetro del consumo de la población y, en última instancia, de muchos plásticos.

Los Indicadores infoplas para el primer cuatrimestre, actualizados ayer, muestran que la producción de artículos de plástico cayó 1.6% respecto del período enero-marzo de 2012 mientras que las ventas crecieron 2%, lo cual evidencia una importante reducción de los inventarios por parte de los transformadores ante la aparente atonía de la demanda.

No obstante las condiciones desfavorables en los mercados, los resultados de las empresas podrían no estar siendo tan desalentadores ya que los precios de los artículos de plástico aumentaron 4.5% en moneda nacional y 8% en dólares, permitiendo que el Margen Bruto de Transformación de la industria se incrementara 2% en pesos y 5.8% en billetes del Tío Sam.

En síntesis, si bien los mercados están deprimidos, la producción “en rojo” y contenida para aligerar los inventarios, el renglón final de los transformadores parece estar en mejores condiciones gracias a una mejoría en precios y en el tipo de cambio.

Ante esto, la opción para crecer arriba del 5% en 2013 sigue siendo quitarle mercado a otros, dentro y fuera de nuestro territorio. Al interior, quitarle clientes y ventas a quienes los abastecen desde el exterior y nos desplazan, es decir, las importaciones que en 2012 sumaron la friolera de 3.6 millones de toneladas con valor de 11,450 millones de dólares. Recuperar la mitad del mercado perdido ante las 528 mil toneladas adicionales de plástico importado en 2012 nos llevaría a crecer en la producción casi un 5.5%. Recuperar más mercado de las importaciones nos llevaría a crecimientos en la producción no vistos desde 2000.

Igual, en el exterior podemos capturar más mercado si nos lo proponemos entre todos. Hablo no sólo de los plastiqueros sino también de sus proveedores de resina. Todos los fabricantes de resina exportaron sus productos a precios menores al doméstico. Las diferencias oscilan entre los 100 y hasta los 400 dólares por tonelada de modo que si entre ambas partes “se pusieran la del Puebla”, los transformadores tendrían una ventaja en la exportación nada despreciable y con eso ambos ganarían.

Decir que no se puede sin intentarlo, equivale a meter la cabeza en un agujero…

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

miércoles, 24 de abril de 2013

Inadmisibles y Repudiables...

Aunque no tiene que ver con el plástico, sí y mucho con asuntos de nuestra vida diaria...

Las tomas de las Rectorías de la UNAM, el viernes 19, y hoy en la mañana de la UAM Iztapalapa son acciones inadmisibles que, además, despiertan suspicacias acerca del real motivo de esas manifestaciones.

Ambas fueron por la fuerza pues se apoderaron del acceso a edificios que son públicos dentro del ámbito de ambas instituciones impidiendo el libre tránsito de académicos, estudiantes y personal administrativo. La violencia no necesita desembocar en lesiones a las personas o en daños materiales para ser violencia. Igual de violentos son los bloqueos en calles o carreteras porque "violentan" los derechos de terceros.

No son acciones aisladas pues los encapuchados de la UAM-I exigen a "su Rector" (sin que de verdad sepamos si son estudiantes de esa universidad) que rechace las medidas anunciadas ayer por el Tribunal Universitario de la UNAM acerca de la situación académica de los estudiantes involucrados en los ataques a personas e instalaciones del CCH Naucalpan.

Siguen el mismo patrón de los encapuchados que tomaron la Rectoría de la UNAM al involucrar alumnos de otras instituciones como el estudiante de la Universidad de la Ciudad de México que participó en la toma y ocupación de la Reactoría de la UCM y, además, en los disturbios del 1 de diciembre frente a San Lázaro.

Pedir el desistimiento de las denuncias hechas por la UNAM ante la PGR por los hechos en el CCH Naucalpan es, a fin de cuentas, la admisión de su culpabilidad pues si fuesen inocentes, ya lo habrían probado y no habría averiguaciones previas vigentes.

Bien dice el editorial de Mileno que la decisión de los encapuchados en la que anoche anunciaron que liberarán el edificio de la Rectoría de la UNAM esta tarde no parece ser por cordura ni convencimiento sino por precaución ante la posibilidad de que la PGR actuara y ordenara a la Policia Federal que retomara esas instalaciones con el consecuente riesgo de quedar detenidos.

Trasladarse a otra universidad y tomar otras instalaciones no es más que una táctica para mantener el vivo el conflicto y llevarlo a un terreno virgen que les de tiempo adicional para seguir con sus manifestaciones, igualmente violentas.

Los otros puntos de sus peticiones están fuera de contexto. Manifestarse en contra de la Reforma Educativa acusándola de provenir de la OECD, el FMI o instancias extranjeras es mera propaganda, aunque igual podría ser una estrategia para atraer a otros grupos como la CETEG o las Policías Comunitarias para que la UNAM de marcha atrás en las medidas legales que ya emprendió contra quienes afectaron a personas y a bienes de la institución.

En nada se parecen estas tomas a la de la UNAM por el CEU y menos al Movimiento del 68 pues carecen de fundamento académico y solamente buscan beneficiar a un puñado de personas que participaron en actos vandálicos en una de las sedes de la UNAM.

Por eso, son inadmisibles y repudiables por todos, aún por quienes no estudiamos en ninguna de esas dos instituciones pero queremos ver a nuestro país libre de secuestros de todo tipo, incluso los políticos...

lunes, 22 de abril de 2013

En el Día de la Tierra...


La celebración de hoy no es trivial ni banal. Apela a la conciencia de la humanidad para atender los problemas que estamos causando al único planeta donde podemos vivir...


El tema ambiental se empezó a tratar desde una perspectiva global allá a inicios de los setentas con la publicación del informe al Club de Roma sobre “Los Límites al Crecimiento” elaborado por los esposos Donella y Denis Meadows, Jorgen Sanders y 15 científicos más del MIT. En ese informe se apuntaba que la humanidad estaba haciendo uso de los recursos naturales a un paso tal que alcanzaría sus límites físicos dentro de los siguientes 100 años.

En 1992, 2004 y 2012, se publicaron actualizaciones del reporte original. Tras la publicación del último reporte, es indudable que las conclusiones de 1972 siguen siendo válidas, aunque haya muchos que llevan cuatro décadas desestimándolas. La entrevista a Denis Meadows donde recapitula lo ocurrido en estos años es muy ilustrativa y se refiere a que el mundo está más cerca del límite en el agotamiento de los recursos de lo que los científicos previeron en aquel entonces

Algo similar a ocurrido con las Cumbres sobre la Tierra a partir de inicios de los noventas y ahora reeditadas con más frecuencia en las conferencias COP. Temas como el cambio climático, la sustentabilidad de la sociedad mundial, la economía verde y otras formas de abordar el proceso de agotamiento de los recursos naturales, el crecimiento de la población, el desarrollo industrial, los patrones de consumo y sus efectos en los ecosistemas han servido para dar un vuelco en la manera de ver a nuestro mundo, tanto por los gobiernos como por la sociedad y las empresas.

El Día de la Tierra no debería ser un día internacional más como los muchos que se inventan por motivos comerciales, políticos o meramente de interés de ciertos grupos. El Día de la Tierra debería ser un día para la reflexión sobre lo que estamos haciendo, lo que no deberíamos hacer y lo que estamos obligados a realizar en el futuro inmediato y mediato.

En nuestra industria, la del plástico de México, todavía no hacemos ese ejercicio en forma cabal. Sí nos hemos preocupado por temas particulares y en algunos debo reconocer avances realmente significativos, aunque no cabe duda que tenemos rezagos importantes en otros. Visualizar el asunto en forma integral con sus implicaciones para nuestra cotidianeidad debería ser una prioridad para todos.

Para conmemorar el Día de la Tierra debemos ver con más detalle temas como el cambio climático, la sustentabilidad (bien entendida), las implicaciones de la responsabilidad compartida y, valga la redundancia, el valor de la valorización de los residuos plásticos.

En los primeros dos creo tenemos en qué enfocar nuestros análisis y esfuerzos. La mitigación del cambio climático obliga a reducir la huella de carbono de nuestra industria y las maneras de hacerlo son dos: Promover las 3R y las acciones de producción y consumo sustentable. Reducir significa mejor diseño y no menor consumo, como en el caso de los envases de PET y otros envases y empaques de menor calibre. Reutilizar es inherente a las características de los productos de modo que pocos pueden ofrecer algo significativo como el caso de las bolsas que al reutilizarse al 100% reducen a la mitad su huella de carbono. La tercera “R” es el reciclaje donde la labor es más compleja.

La Producción Sustentable también reduce la huella de carbono en varios aspectos: El uso más eficiente de la energía eléctrica, el segundo insumo en la transformación de plásticos, y el empleo de material reciclado o cargas de menor generación de gases de efecto invernadero.

Por desgracia, la degradación o la biodegradación no contribuyen a reducir la huella de carbono sino todo lo contrario, la incrementan porque –según ofrecen sus promotores- convierten de manera acelerada el carbono de los hidrocarburos contenidos en los plásticos en bióxido de carbono o en metano, ambos gases de efecto invernadero.

En la búsqueda de la Sustentabilidad de los plásticos, igual juega un rol crucial la producción y el consumo sustentable porque el diseño de los productos, la reutilización de estos y la adecuada gestión de sus residuos para mejorar el reciclaje contribuyen a conservar recursos.

Si la sustentabilidad la enfocamos a la conservación de recursos, la degradación acelerada difícilmente va a contribuir a esto. La presunta ganancia en espacio en los rellenos sanitarios no es suficiente para compensar la destrucción de recursos reaprovechables aunque hoy los debamos enterrar. Recordemos que en la exploración y explotación de hidrocarburos, cada día vamos a profundidades mayores porque se justifica ir por esos recursos, aunque cueste más y sea más complejo. Si la mitad de los residuos reciclables que generamos es están almacenando en tumbas (los rellenos sanitarios) ¿Cabría pensar que en un futuro los podamos desenterrar para reaprovecharlos? Yo creo que sí…

Pero, las acciones más efectivas –e inmediatas- las podemos hacer en casa. En la industria del plástico damos empleo a 200 mil personas que quizá representen un número igual de hogares o familias. Cada familia del plástico tiene entre dos y tres familias en parentesco y dos familias más como vecinos de modo que nuestro ámbito de influencia abarcaría al menos un millón de familias y poco más de 4 millones de mexicanos. Si cada uno de esos 200 mil personas que vivimos del plástico nos abocamos a que nuestras familias, nuestros parientes y vecinos separen sus residuos y adopten buenas prácticas de consumo sustentable, en poco tiempo incrementaríamos la disponibilidad de residuos plásticos en 450 mil toneladas que representarían un brinco de 10% adicional en las tasas de recuperación y reciclaje.

Invito a los cientos de lectores de las Cartas al Industrial a que nos embarquemos en este esfuerzo, lo iniciemos en nuestra industria y lo proyectemos a nuestros colaboradores, familiares y vecinos. En el Día de la Tierra podemos hacer un compromiso personal a favor de las 3R del plástico, del consumo sustentable y de la disposición responsable de los residuos.

Igual lo podemos hacer en el ámbito de nuestras empresas intensificando los esfuerzos en el uso más eficiente de la energía eléctrica en el rediseño de nuestros productos para reducir peso y mejorar su reciclabilidad, así como en un mayor empleo de materiales reciclados. Bajar la huella de carbono así es muy redituable porque implica ahorro en insumos y costos.

Si en el Día de la Tierra nos proponemos estas dos simples acciones, les aseguro que en poco tiempo tendremos resultados muy positivos y beneficios en la empresa y en lo personal, además de que ayudaríamos mucho a rescatar en mucho la imagen del plástico.

Los que creemos que así SÍ SE PUEDE, hagámoslo. Los que piensen que no, allá ellos…

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

viernes, 19 de abril de 2013

Las Bolsas "Ecológicas"

Las bolsas reusables que desde hace unos años nos ofrecen en muchos comercios se autocalifican como “ecológicas” o “verdes” sin que detrás de esos adjetivos existan evidencias de que sí lo son...

Los adjetivos “ecológica” o “verde” no provienen de estudios o pruebas realizadas ni de certificaciones otorgadas a esas bolsas. Son apellidos o nombres artísticos como los que adopta la gente del espectáculo o los luchadores para llamar la atención de los consumidores.

Los estudios de ciclo de vida donde se comparan las bolsas “ecológicas” con las bolsas de plástico convencionales adolecen de información “dura” acerca de su real impacto ambiental y se basan en suposiciones no comprobadas acerca de su tasa real de reutilización o de su durabilidad. La suposición de que pueden usarse repetidamente 52 o 104 veces en un año sin perder sus propiedades mecánicas es una mera simplificación de quienes llevaron a cabo dichos estudios. De la misma manera, no se toman en cuenta otras variables…

Las bolsas “ecológicas” no sustituyen a las convencionales de polietileno como contenedores de residuos domésticos. Por ello, los hogares se ven forzados a comprar bolsas para basura, las negras, que son menos eficientes que las del súper ya que –por su tamaño- se desechan medio vacías, sobre todo si en ellas se almacenan los residuos orgánicos. Por ende, las “ecológicas” tienen un costo oculto adicional que puede llegar hasta tres veces su precio de adquisición además de que, al final de cuentas, el consumo de polietileno aumenta.

Las bolsas “ecológicas” se utilizan para muchas cosas más que solamente para acarrear las mercancías que se adquieren en los comercios. Sirven como morrales para cargar libros, ropa y calzado (frecuentemente sucios) y enseres, así como pañaleras, bolsas de viaje y para otras cosas más. Son poquísimas las personas que salen del súper sólo con sus bolsas “ecológicas”, más pocas las que van a la tienda de la esquina llevándolas consigo y, quizá, donde más se usan para el acarreo de alimentos es en los mercados y tianguis, pero no mucho.

Las bolsas “ecológicas” no incluyen leyendas que informen a las personas sobre el uso apropiado de las mismas. Una de las advertencias principales debería ser que esas bolsas no son de “mil usos” y que para cada uso diferente deben tenerse bolsas diferentes. Tampoco advierten que se deben lavar con agua y jabón cada dos o tres usos para eliminar los residuos de polvo, alimentos, mugre y demás sustancias que favorecen el desarrollo de hongos y bacterias que pueden representan un riesgo sanitario para quienes las utilizan sin lavarlas.

Un estudio independiente realizado en Estados Unidos encontró que prácticamente la totalidad de las bolsas “ecológicas” sometidas a pruebas microbiológicas dieron positivo a bacterias y hongos, un 51% a coliformes y 12% a Escherichia Colli. Casi la mitad de las bolsas se usaban una vez a la semana y un 40% entre 2 y 3 veces. El 96% de las bolsas nunca habían sido lavadas en su vida útil. Ninguna bolsa tenía advertencias acerca de su forma de uso.

La mayoría de quienes venden las bolsas “ecológicas” no las someten a controles toxicológicos para prevenir la presencia de metales pesados como el plomo. En un estudio realizado en Estados Unidos a 44 bolsas “ecológicas” se encontró que 21 (el 48%) contenían niveles de plomo muy superiores a las 100 partes por millón que es el límite permitido para empaques, 14 de ellas arriba de las 200 partes y 7 bolsas entre las 300 y 697 partes por millón.

No hay evidencia de que las bolsas “ecológicas” se puedan reciclar o ya se reciclen. Por ende, su destino final son los rellenos sanitarios o los tiraderos. Al volumen ocupado por las bolsas “ecológicas” hay que añadirle el volumen de las bolsas para basura (las medio llenas) con lo que queda en duda su pertinencia para ahorrar espacio en sitios de disposición final.

Ah, se me pasaba… A los plasti-fóbicos les tengo una mala noticia. Las bolsas “ecológicas” también son de plástico, de un plástico proveniente del petróleo porque están hechas de tela no tejida de polipropileno, primo hermano del polietileno al que tanto atacan.

Como dicen los gringos, en el “bottom line” el asunto de las bolsas “ecológicas” no es de cuño ambiental sino mercadológico y económico porque ni reemplazan las bolsas de polietileno que suponen reemplazar, ni son más económicas que las “méndigas bolsas del súper”, tampoco reducen el espacio en los rellenos sanitarios o tiraderos, no se sabe si ya se reciclan y “pior aún” representan riesgos a la salud de quienes las utilizan.

En cambio, la venta de las dichosas bolsas “ecológicas” induce a la compra de bolsas para basura –un negocio adicional- y sirve como un redituable medio publicitario para elevar la imagen “verde” de quienes las ofrecen porque incluyen frases como “Por un planeta mejor”, “Cuidemos al mundo”, “Ahorra dinero, vive mejor” que resultan atrayentes al consumidor.

¿Qué pasaría si esas bolsas llevaran leyendas como las siguientes? “También soy de plástico”, “Lávame cada dos usos porque puedo desarrollar bacterias que pondrían en riesgo tu salud” o “Lead-Free Untested”, o quizá “No te sirvo para almacenar tu basura, compra otras bolsas”…

Las grandes marcas que ofrecen las bolsas “ecológicas” a sus clientes hacen gala de esto en sus Reportes de Sustentabilidad. Lo que no dicen en esos reportes es lo que no le dicen al consumidor acerca del propósito último de venderle estas bolsas, del costo oculto detrás de la compra de las mentadas bolsas, de los riesgos sanitarios que inducen al no advertirles de ellos a quienes las adquieren y reutilizan sin los cuidados adecuados y, en su caso, de si las bolsas que compran en China satisfacen los criterios de contenido de plomo en empaques.

¿Qué dirían los consumidores que se sienten “ecológicos” por tener sus bolsas reusables si supieran todo esto? ¿Seguirían usándolas? ¿Las lavarían terciado? Cada lavado de una bolsa reusable implica un gasto de agua 3 veces mayor y un gasto de energía 70% mayor a los requeridos para fabricar el mismo número de bolsas de polietileno.

Así como en anteriores Cartas al Industrial hablé de las declaraciones ambientales engañosas y de las prácticas desleales para beneficiarse comercialmente del supuesto, muy cacareado pero todavía no comprobado impacto ambiental de los plásticos, en esta hago referencia a otra manera de “ser verde con la magia” de soluciones carentes de sustento científico. Hago constar que la frase “con ser verde con la magia” no la acuñé yo, la escuché en días pasados de alguien más que así la dijo en público.

¡Qué lástima que en México no se adopten política para prevenir las declaraciones ambientales engañosas como lo están haciendo en Alabama y Carolina del Norte o como se hizo hace unos años en California! Lo lamentable es que empresas que del otro lado del Bravo se someten a esas reglas, en México hagan como que la Virgen les habla en estos asuntos.

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

jueves, 18 de abril de 2013

Un Reciclador Opina...


De la misma manera como son válidas las opiniones de quienes no están de acuerdo con lo que escribo, igual los son los que disienten de ellos...


A petición de Jaime Cámara, reproduzco su mensaje del pasado lunes 15 de abril donde me pide que su opinión se haga del conocimiento de los lectores de las Cartas al Industrial. Por razones de espacio, no puedo reproducir el artículo al que Jaime se refiere, aunque, pueden leerlo o descargarlo en https://sites.google.com/site/grupotexne/Home/cartasindustrial.

Estimado Eduardo,

En mi carácter de Director General de la empresa de Reciclado de PET más grande del país, te solicito de la manera más atenta publicar nuestra postura en relación a tu Carta al Industrial edición 2013-19 del pasado 9 de Abril titulada “Se llenó de piedritas”, a la cual el Ing. Germán Suárez envió su réplica lo cual considero muy valioso de su parte y muy transparente de la tuya.

Me preocupa mucho un concepto que es imprescindible aclarar a la comunidad de los Industriales del Plástico que es la absoluta incompatibilidad entre la “Degradación del plástico” y el “Reciclado del plástico”. O se opta por uno o por el otro pero no por ambos. Si la decisión es irse por el lado de la Degradación, irremediablemente se estará afectando el Reciclado.

Para esto te adjunto un artículo que escribí para la edición número 56 de la Revista Ambiente Plástico recientemente publicada y que se titula “El Verdadero Camino a la Sustentabilidad del Plástico es el Reciclaje” y que te pido que junto con esta introducción publiques íntegramente para darles a los Industriales del Plástico el Punto de Vista de la Industria de Reciclado Nacional para que tengan todos los puntos de vista de las diferentes alternativas de Sustentabilidad para los Plásticos así como los altísimos riesgos involucrados para el Reciclado no solo del PET sino de cualquier otro plástico.

Mi mensaje absolutamente respetuoso no sólo al Ing. Germán Suárez y a la empresa que representa, sino a cualquier otro fabricante o distribuidor de Aditivos Degradantes es que tengan el valor de reconocer la incompatibilidad de ambos conceptos y que si sus clientes potenciales toman el camino de la alternativa de Sustentabilidad que ellos ofrecen, les pongan a los productos que contengan sus Aditivos la leyenda “Este producto es Degradable por lo tanto NO es compatible con el Reciclado” y de esta manera no contaminen el grandísimo y muy valioso flujo de materiales plásticos reciclables.

Muchas gracias y felicidades por tu apertura y transparencia y me pongo a la disposición de cualquier persona que tenga alguna duda o comentario respecto a este controversial tema.

Ing. Jaime Cámara Creixell
Director General
jcamara@petstar.mx
www.petstar.mx
Tel. +52 (55) 5771-8300 Ext. 1100
Monte Elbruz 124-601, Col. Palmitas Polanco
11560, México, D.F.

Sin duda, como dice Jaime, el tema es controversial. Quienes quieran dirigirse a Jaime de manera personal y seguir comentando el tema, su dirección de correo está en el mensaje que acabo de mostrarles.

Y para quienes también quisieran tomar parte en la discusión del tema, les invito a degustar de una tacita en el Café Plastitlán (http://cafeplastitlan.blogspot.mx/) un blog donde sin necesidad de pedir permiso pueden opinar lo que gusten y sobre lo que gusten, incluidas las Cartas al Industrial que también publicaré ahí, empezando por la que dio pie a esta discusión, la número 19 del 9 de abril pasado y sus posteriores réplicas y comentarios.

El Café Plastitlán es el sitio idóneo para intercambiar puntos de vista, sin tener que pedir permiso y sin cortapisas. Basta con que accedan al sitio del Café y le piquen en donde dice “No hay comentarios” o “X comentarios” para que los dirija a la página donde pueden escribir lo que quieran. Si gustan firmar su comentario en forma anónima, lo pueden hacer aunque les sugiero que lo hagan con su nombre o su dirección de gmail para que no estén sujetos a revisión. Las únicas reglas de urbanidad son obvias: Abstenerse de insultar a nadie y utilizar un lenguaje apropiado, sin groserías. Claro que cuando deseen opinar sobre lo que yo escribo pueden decir lo que quieran y como quieran, incluso sobre mi persona. Conste…

Estoy seguro que mientras más opiniones se intercambien, más valioso será el diálogo y los lectores estarán mejor informados. Insisto, ni yo ni nadie tenemos la verdad absoluta y por eso es bueno que los consensos y los disensos se expresen. Elegí el formato de un Café y lo llamé Plastitlán porque nos ofrece “un rincón para la charla amable sobre temas del plástico y en pantuflas”. Las tacitas de café van por mi cuenta…

Por lo demás, Jaime, estás servido. Y a los lectores de estas Cartas al Industrial y quienes deseen expresarse sobre ellas en el Café Plastitlán, les reitero que todos son bienvenidos.

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

La Réplica de Germán Suárez...

Como me lo pidió y lo ofrecí reproduzco de manera íntegra la réplica que recibí ayer de Germán Suárez...

Los lectores de las Cartas al Industrial tienen derecho de opinar sobre lo que yo escribo, ya sea a favor o en contra. En este caso, el Ing. Germán Suárez Villamil, director de Plásticos Nova, representante exclusivo en México de los aditivos de marca EcoPure me pidió que publicara a todos los lectores de estas Cartas sus puntos de vista respecto de la edición No. 2013-19 de fecha 9 de abril pasado y titulada “Se llenó de piedritas”.
 
Reproduzco de manera íntegra el documento recibido en formato PDF de Adobe Acrobat solamente convertido a formato de imagen para que pueda ser incluido en el mensaje que ustedes están leyendo.
 
Como le ofrecí a Germán, no hago comentario ni contra-réplica alguna a sus señalamientos pues no me corresponde juzgar lo que Germán les quiere manifestar. Cumplo con mi compromiso para con Germán de la misma manera que lo haré con cualquier lector que desee expresar sus comentarios acerca de cualquier Carta al Industrial y me solicite que los haga públicos.
 
Lamentablemente, como le informé a Germán no puedo acceder a su petición de enviar este correo revelando las identidades (nombres y correos electrónicos) de ustedes, los 420 lectores de las Cartas al Industrial pues la Ley Federal de Protección de Datos de Datos en Posesión de los Particulares establece que debo contar con la autorización de cada uno para revelarlos. Para aquellos que deseen expresar sus comentarios sobre la réplica de Germán, les pido lo hagan de manera directa con él, avisándoles de antemano que no estoy autorizado para revelar su dirección de correo.
 
El documento recibido de Germán es el siguiente:





 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

Se Llenó de Piedritas...


Tanto fue el cántaro al agua, que se rompió. Así debería decir el refrán porque a fuerza de insistir e insistir han provocado una reacción, como dijo Sir Isaac Newton, con la misma intensidad y en sentido contrario...


En días pasados recibí la enésima invitación para reunirme con proveedores de aditivos degradantes a fin de platicar sobre la conveniencia de que los plásticos se aditiven y “se degraden” para así evitar que nos regulen, nos traten de sustituir o nos fijen impuestos.

Contesté de manera comedida a quien amablemente me hizo la invitación y lo hice con la misma cantaleta que ustedes ya conocen: Mientras no demuestren lo que ofrecen, no puedo entrar en discusiones sobre esa “conveniencia” y menos opinar acerca de que sea buena.

Antes de recibir su respuesta, quizá porque les escribí en inglés y yo lo aprendí en Detroit donde ninguno de mis compañeros de laboratorio era angloparlante, recibí un segundo puyazo como si fuese burel de Pastejé o Reyes Huerta. Resulta que hay proveedores de aditivos, de los orgánicos, tratando de convencer a los usuarios de bolsas de que aditivándolas con sus productos se van a ver “más verdes” porque las bolsas serán biodegradables y además no afectan el reciclaje porque donde no hay bichos no hay degradación.

Desde aquellos tiempos en que estos señores llevaban a los legisladores talegas de fotocopias con estudios en inglés -me consta en varios casos- para convencerlos de que regularan las bolsas a favor de sus aditivos, hasta ahora han ido refinándose. La antepenúltima fue la del representante de un productor de oxo-degradantes que quiso influir en una norma ambiental en el DF que le diera el carácter de compostable a las bolsas con su aditivo. ¡Lástima Margarito! Porque a la primera, tanto INBOPLAST como ANIPAC y ANIQ, al igual que la misma UAM, lo pusieron como chancla y todo quedo en dos viajes al Centro Histórico para acabar comiendo –y riendo por su ridículo- en uno de tantos restaurantes que hay por allá.

Mi amigo Santiago me dijo alguna vez que los legisladores aprendían de nosotros y con eso perfeccionaban sus iniciativas, haciéndonos la chamba más difícil. Igual sucede con los proveedores de aditivos degradantes. Se les bloquea una rendija y buscan otra. Digamos que son “persistentes” por no llamarlos de otra manera. Lo malo es que emplean el engaño para embaucar a los que no saben –ni tendrían por qué saber- las verdades de la degradación.

Con la propuesta de hace días y los documentos de hoy, confirmo que su intención es meterse por donde sea y de la manera que sea. No importa si utilizan argumentos falaces como “mejor aditivarlos que prohibirlos o ponerles impuestos” así como información incompleta, sesgada, engañosa y sin rigor técnico para “demostrar” que si se degradan al 50% en 280 días, seguro se degradarán al 100% en el doble de tiempo. He visto extrapolaciones como esta que van del 10 al 100% y, pior aún, avaladas por “investigadores” de instituciones como el IPN que se atreven a hacer esas reglas de tres antes de leer bien los métodos de prueba que utilizan.

Nadie puede afirmar que un plástico se biodegrada en condiciones reales de disposición si las pruebas con las que pretende sustentar ese dicho se hicieron bajo el método ASTM D5511 que es aplicable a digestores anaeróbicos de altos sólidos, que en cristiano son instalaciones industriales para procesar lodos y nunca representan las condiciones de un relleno sanitario.

Nadie puede sustentar que un plástico se biodegrada haciendo extrapolaciones, incluso con el método equivocado, cuando sus gráficas no confirman una tendencia creciente en la emisión de bióxido de carbono durante una prueba de laboratorio. Como dice la canción, a lo mejor la curva “se agacha y se va de lado, querido amigo” pero si no la llevas hasta el 90% no puedes afirmar que llegará al 90% de biodegradación. Aún así, se trata de pruebas de laboratorio.

Esto que les relato lo vi hoy en los informes del IPN que me llegaron de un cliente para dar una opinión. Exactamente iguales que los informes del IPN que en septiembre me envió un proveedor de aditivos orgánicos para que “me convenciera” de que sí son biodegradables.

No dista mucho, tampoco, de lo que vimos en las conferencias en Plastimagen 2012 bajo el título ¿Son lo Plásticos Biodegradables? Obvio, el conferencista sostenía que sí lo son. Los Azuelianos como yo, Los de Abajo, no lo compartimos ni antes, ni durante, ni después. Los informes de pruebas realizadas por el IPN pulularon, las extrapolaciones también en todos y cada uno de los casos. Piorcísimo, el método empleado (el ASTM D5511) era inapropiado, como si en el mercado nos pesaran un kilo de fruta en una báscula de camión.

¿A qué voy?

A que ya me cansé de recibir invitaciones para “convencerme” de lo indemostrable. A que me cuesta mucho trabajo que amigos míos, al menos de mi parte y no sé si de la suya hasta que lean esta Carta al Industrial, anden engañando a transformadores y usuarios del plástico con promesas verdes que acaban siendo promesas incumplidas. Espero que sea por una de dos razones y no por una tercera. Una, que sean fervientes creyentes de la degradación y no haya argumento que los convenza de lo contrario. La segunda, que sean tan inocentes que se hayan creído las mentiras de los productores a los que representan. Y la tercera, la que no creo exista, sean competidores desleales que utilizan la desinformación con tal de hacer negocio.

Como una vez me dijo Aldimir Torres a quien reconozco su valía como persona y como técnico en el plástico: Nadie tiene la verdad absoluta y no debemos rechazar a una nueva tecnología.

De acuerdo, yo no tengo la verdad absoluta ni me opongo a ninguna nueva tecnología. A lo que sí me rebelo y me opongo es a la mentira, a las medias verdades, al engaño aprovechando la ignorancia de otros y a que -con tal de hacer negocio- le dé en la “moder” a sus propios clientes. De eso se trata esta Carta al Industrial, de rebelarme ante esas malas prácticas y llamar la atención de los demás a esta situación. Tanto fue el cántaro al agua, que se rompió.

Si los lectores de estas Carta al Industrial deciden escuchar el canto de las sirenas y no exigir la comprobación de sus melodiosas ofertas, allá ellos. Con su degradante se lo coman. Lo que no deben aceptar es que traten de engañarlos y, mucho menos, que vayan con sus clientes y los engañen para que entonces a ustedes les exijan ponerle el polvito equis o ye.

Llevo cuatro años esperando las “evidencias” y la única que tengo es que siguen con las mismas prácticas desleales de aquel entonces. Luego no digan que son los sesenta y más, las cabañuelas, el dólar agachón que va pa’bajo o Carlos Vela que se resiste a jugar con el Tri son la causa de mis reclamos.

Atentamente,
 
Eduardo de la Tijera Coeto