La celebración de hoy no es trivial ni banal. Apela a
la conciencia de la humanidad para atender los problemas que estamos causando al
único planeta donde podemos vivir...
El tema
ambiental se empezó a tratar desde una perspectiva global allá a inicios de los
setentas con la publicación del informe al Club de Roma sobre “Los Límites al
Crecimiento” elaborado por los esposos Donella y Denis Meadows, Jorgen Sanders
y 15 científicos más del MIT. En ese informe se apuntaba que la humanidad
estaba haciendo uso de los recursos naturales a un paso tal que alcanzaría sus
límites físicos dentro de los siguientes 100 años.
En 1992, 2004
y 2012, se publicaron actualizaciones del reporte original. Tras la publicación
del último reporte, es indudable que las conclusiones de 1972 siguen siendo
válidas, aunque haya muchos que llevan cuatro décadas desestimándolas. La
entrevista a Denis Meadows donde recapitula lo ocurrido en estos años es muy
ilustrativa y se refiere a que el mundo está más cerca del límite en el
agotamiento de los recursos de lo que los científicos previeron en aquel
entonces
Algo similar a
ocurrido con las Cumbres sobre la Tierra a partir de inicios de los noventas y
ahora reeditadas con más frecuencia en las conferencias COP. Temas como el
cambio climático, la sustentabilidad de la sociedad mundial, la economía verde
y otras formas de abordar el proceso de agotamiento de los recursos naturales,
el crecimiento de la población, el desarrollo industrial, los patrones de
consumo y sus efectos en los ecosistemas han servido para dar un vuelco en la
manera de ver a nuestro mundo, tanto por los gobiernos como por la sociedad y
las empresas.
El Día de la
Tierra no debería ser un día internacional más como los muchos que
se inventan por motivos comerciales, políticos o meramente de interés de
ciertos grupos. El Día de la Tierra debería ser un día para la
reflexión sobre lo que estamos haciendo, lo que no deberíamos hacer y lo que
estamos obligados a realizar en el futuro inmediato y mediato.
En nuestra
industria, la del plástico de México, todavía no hacemos ese ejercicio en forma
cabal. Sí nos hemos preocupado por temas particulares y en algunos debo
reconocer avances realmente significativos, aunque no cabe duda que tenemos
rezagos importantes en otros. Visualizar el asunto en forma integral con sus
implicaciones para nuestra cotidianeidad debería ser una prioridad para todos.
Para
conmemorar el Día
de la Tierra debemos ver con más detalle temas como el cambio
climático, la sustentabilidad (bien entendida), las implicaciones de la responsabilidad
compartida y, valga la redundancia, el valor de la valorización de los residuos
plásticos.
En los
primeros dos creo tenemos en qué enfocar nuestros análisis y esfuerzos. La
mitigación del cambio climático obliga a reducir la huella de carbono de
nuestra industria y las maneras de hacerlo son dos: Promover las 3R y las acciones
de producción y consumo sustentable. Reducir significa mejor diseño y no menor
consumo, como en el caso de los envases de PET y otros envases y empaques de
menor calibre. Reutilizar es inherente a las características de los productos
de modo que pocos pueden ofrecer algo significativo como el caso de las bolsas
que al reutilizarse al 100% reducen a la mitad su huella de carbono. La tercera
“R” es el reciclaje donde la labor es más compleja.
La Producción Sustentable
también reduce la huella de carbono en varios aspectos: El uso más eficiente de
la energía eléctrica, el segundo insumo en la transformación de plásticos, y el
empleo de material reciclado o cargas de menor generación de gases de efecto
invernadero.
Por desgracia,
la degradación o la biodegradación no contribuyen a reducir la huella de
carbono sino todo lo contrario, la incrementan porque –según ofrecen sus
promotores- convierten de manera acelerada el carbono de los hidrocarburos
contenidos en los plásticos en bióxido de carbono o en metano, ambos gases de
efecto invernadero.
En la búsqueda
de la Sustentabilidad de los plásticos, igual juega un rol crucial la
producción y el consumo sustentable porque el diseño de los productos, la
reutilización de estos y la adecuada gestión de sus residuos para mejorar el
reciclaje contribuyen a conservar recursos.
Si la
sustentabilidad la enfocamos a la conservación de recursos, la degradación
acelerada difícilmente va a contribuir a esto. La presunta ganancia en espacio
en los rellenos sanitarios no es suficiente para compensar la destrucción de
recursos reaprovechables aunque hoy los debamos enterrar. Recordemos que en la
exploración y explotación de hidrocarburos, cada día vamos a profundidades
mayores porque se justifica ir por esos recursos, aunque cueste más y sea más
complejo. Si la mitad de los residuos reciclables que generamos es están
almacenando en tumbas (los rellenos sanitarios) ¿Cabría pensar que en un futuro
los podamos desenterrar para reaprovecharlos? Yo creo que sí…
Pero, las
acciones más efectivas –e inmediatas- las podemos hacer en casa. En la
industria del plástico damos empleo a 200 mil personas que quizá representen un
número igual de hogares o familias. Cada familia del plástico tiene entre dos y
tres familias en parentesco y dos familias más como vecinos de modo que nuestro
ámbito de influencia abarcaría al menos un millón de familias y poco más de 4
millones de mexicanos. Si cada uno de esos 200 mil personas que vivimos del
plástico nos abocamos a que nuestras familias, nuestros parientes y vecinos
separen sus residuos y adopten buenas prácticas de consumo sustentable, en poco
tiempo incrementaríamos la disponibilidad de residuos plásticos en 450 mil
toneladas que representarían un brinco de 10% adicional en las tasas de
recuperación y reciclaje.
Invito a los
cientos de lectores de las Cartas al Industrial a que nos embarquemos en
este esfuerzo, lo iniciemos en nuestra industria y lo proyectemos a nuestros
colaboradores, familiares y vecinos. En el Día de la Tierra podemos hacer un compromiso
personal a favor de las 3R del plástico, del consumo sustentable y de la
disposición responsable de los residuos.
Igual lo
podemos hacer en el ámbito de nuestras empresas intensificando los esfuerzos en
el uso más eficiente de la energía eléctrica en el rediseño de nuestros
productos para reducir peso y mejorar su reciclabilidad, así como en un mayor
empleo de materiales reciclados. Bajar la huella de carbono así es muy
redituable porque implica ahorro en insumos y costos.
Si en el Día de la Tierra
nos proponemos estas dos simples acciones, les aseguro que en poco
tiempo tendremos resultados muy positivos y beneficios en la empresa y en lo
personal, además de que ayudaríamos mucho a rescatar en mucho la imagen del
plástico.
Los que
creemos que así SÍ SE PUEDE, hagámoslo. Los que piensen que no, allá ellos…
Atentamente,
Eduardo de
la Tijera Coeto

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