Los
adjetivos “ecológica” o “verde” no provienen de estudios o pruebas realizadas
ni de certificaciones otorgadas a esas bolsas. Son apellidos o nombres
artísticos como los que adopta la gente del espectáculo o los luchadores para
llamar la atención de los consumidores.
Los
estudios de ciclo de vida donde se comparan las bolsas “ecológicas” con las
bolsas de plástico convencionales adolecen de información “dura” acerca de su
real impacto ambiental y se basan en suposiciones no comprobadas acerca de su
tasa real de reutilización o de su durabilidad. La suposición de que pueden
usarse repetidamente 52 o 104 veces en un año sin perder sus propiedades
mecánicas es una mera simplificación de quienes llevaron a cabo dichos
estudios. De la misma manera, no se toman en cuenta otras variables…
Las bolsas
“ecológicas” no sustituyen a las convencionales de polietileno como
contenedores de residuos domésticos. Por ello, los hogares se ven forzados a
comprar bolsas para basura, las negras, que son menos eficientes que las del
súper ya que –por su tamaño- se desechan medio vacías, sobre todo si en ellas
se almacenan los residuos orgánicos. Por ende, las “ecológicas” tienen un costo
oculto adicional que puede llegar hasta tres veces su precio de adquisición
además de que, al final de cuentas, el consumo de polietileno aumenta.
Las bolsas
“ecológicas” se utilizan para muchas cosas más que solamente para acarrear las
mercancías que se adquieren en los comercios. Sirven como morrales para cargar
libros, ropa y calzado (frecuentemente sucios) y enseres, así como pañaleras,
bolsas de viaje y para otras cosas más. Son poquísimas las personas que salen
del súper sólo con sus bolsas “ecológicas”, más pocas las que van a la tienda
de la esquina llevándolas consigo y, quizá, donde más se usan para el acarreo
de alimentos es en los mercados y tianguis, pero no mucho.
Las bolsas
“ecológicas” no incluyen leyendas que informen a las personas sobre el uso
apropiado de las mismas. Una de las advertencias principales debería ser que
esas bolsas no son de “mil usos” y que para cada uso diferente deben tenerse
bolsas diferentes. Tampoco advierten que se deben lavar con agua y jabón cada
dos o tres usos para eliminar los residuos de polvo, alimentos, mugre y demás
sustancias que favorecen el desarrollo de hongos y bacterias que pueden
representan un riesgo sanitario para quienes las utilizan sin lavarlas.
Un estudio
independiente realizado en Estados Unidos encontró que prácticamente la
totalidad de las bolsas “ecológicas” sometidas a pruebas microbiológicas dieron
positivo a bacterias y hongos, un 51% a coliformes y 12% a Escherichia Colli.
Casi la mitad de las bolsas se usaban una vez a la semana y un 40% entre 2 y 3
veces. El 96% de las bolsas nunca habían sido lavadas en su vida útil. Ninguna
bolsa tenía advertencias acerca de su forma de uso.
La mayoría
de quienes venden las bolsas “ecológicas” no las someten a controles
toxicológicos para prevenir la presencia de metales pesados como el plomo. En
un estudio realizado en Estados Unidos a 44 bolsas “ecológicas” se encontró que
21 (el 48%) contenían niveles de plomo muy superiores a las 100 partes por
millón que es el límite permitido para empaques, 14 de ellas arriba de las 200
partes y 7 bolsas entre las 300 y 697 partes por millón.
No hay
evidencia de que las bolsas “ecológicas” se puedan reciclar o ya se reciclen.
Por ende, su destino final son los rellenos sanitarios o los tiraderos. Al
volumen ocupado por las bolsas “ecológicas” hay que añadirle el volumen de las
bolsas para basura (las medio llenas) con lo que queda en duda su pertinencia
para ahorrar espacio en sitios de disposición final.
Ah, se me
pasaba… A los plasti-fóbicos les tengo una mala noticia. Las bolsas
“ecológicas” también son de plástico, de un plástico proveniente del petróleo
porque están hechas de tela no tejida de polipropileno, primo hermano del
polietileno al que tanto atacan.
Como dicen
los gringos, en el “bottom line” el asunto de las bolsas “ecológicas” no es de
cuño ambiental sino mercadológico y económico porque ni reemplazan las bolsas
de polietileno que suponen reemplazar, ni son más económicas que las “méndigas
bolsas del súper”, tampoco reducen el espacio en los rellenos sanitarios o
tiraderos, no se sabe si ya se reciclan y “pior aún” representan riesgos a la
salud de quienes las utilizan.
En cambio,
la venta de las dichosas bolsas “ecológicas” induce a la compra de bolsas para
basura –un negocio adicional- y sirve como un redituable medio publicitario
para elevar la imagen “verde” de quienes las ofrecen porque incluyen frases
como “Por un planeta mejor”, “Cuidemos al mundo”, “Ahorra dinero, vive mejor”
que resultan atrayentes al consumidor.
¿Qué pasaría si esas bolsas llevaran leyendas como las siguientes? “También soy de plástico”, “Lávame cada dos usos porque puedo desarrollar bacterias que pondrían en riesgo tu salud” o “Lead-Free Untested”, o quizá “No te sirvo para almacenar tu basura, compra otras bolsas”…
Las
grandes marcas que ofrecen las bolsas “ecológicas” a sus clientes hacen gala de
esto en sus Reportes de Sustentabilidad. Lo que no dicen en esos reportes es lo
que no le dicen al consumidor acerca del propósito último de venderle estas
bolsas, del costo oculto detrás de la compra de las mentadas bolsas, de los
riesgos sanitarios que inducen al no advertirles de ellos a quienes las
adquieren y reutilizan sin los cuidados adecuados y, en su caso, de si las
bolsas que compran en China satisfacen los criterios de contenido de plomo en
empaques.
¿Qué
dirían los consumidores que se sienten “ecológicos” por tener sus bolsas reusables
si supieran todo esto? ¿Seguirían usándolas? ¿Las lavarían terciado? Cada
lavado de una bolsa reusable implica un gasto de agua 3 veces mayor y un gasto
de energía 70% mayor a los requeridos para fabricar el mismo número de bolsas
de polietileno.
Así como
en anteriores Cartas al Industrial hablé de las
declaraciones ambientales engañosas y de las prácticas desleales para
beneficiarse comercialmente del supuesto, muy cacareado pero todavía no
comprobado impacto ambiental de los plásticos, en esta hago referencia a otra
manera de “ser verde con la magia” de soluciones carentes de sustento
científico. Hago constar que la frase “con ser verde con la magia” no la acuñé
yo, la escuché en días pasados de alguien más que así la dijo en público.
¡Qué
lástima que en México no se adopten política para prevenir las declaraciones
ambientales engañosas como lo están haciendo en Alabama y Carolina del Norte o
como se hizo hace unos años en California! Lo lamentable es que empresas que
del otro lado del Bravo se someten a esas reglas, en México hagan como que la
Virgen les habla en estos asuntos.
Atentamente,
Eduardo de
la Tijera Coeto

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