viernes, 19 de abril de 2013

Las Bolsas "Ecológicas"

Las bolsas reusables que desde hace unos años nos ofrecen en muchos comercios se autocalifican como “ecológicas” o “verdes” sin que detrás de esos adjetivos existan evidencias de que sí lo son...

Los adjetivos “ecológica” o “verde” no provienen de estudios o pruebas realizadas ni de certificaciones otorgadas a esas bolsas. Son apellidos o nombres artísticos como los que adopta la gente del espectáculo o los luchadores para llamar la atención de los consumidores.

Los estudios de ciclo de vida donde se comparan las bolsas “ecológicas” con las bolsas de plástico convencionales adolecen de información “dura” acerca de su real impacto ambiental y se basan en suposiciones no comprobadas acerca de su tasa real de reutilización o de su durabilidad. La suposición de que pueden usarse repetidamente 52 o 104 veces en un año sin perder sus propiedades mecánicas es una mera simplificación de quienes llevaron a cabo dichos estudios. De la misma manera, no se toman en cuenta otras variables…

Las bolsas “ecológicas” no sustituyen a las convencionales de polietileno como contenedores de residuos domésticos. Por ello, los hogares se ven forzados a comprar bolsas para basura, las negras, que son menos eficientes que las del súper ya que –por su tamaño- se desechan medio vacías, sobre todo si en ellas se almacenan los residuos orgánicos. Por ende, las “ecológicas” tienen un costo oculto adicional que puede llegar hasta tres veces su precio de adquisición además de que, al final de cuentas, el consumo de polietileno aumenta.

Las bolsas “ecológicas” se utilizan para muchas cosas más que solamente para acarrear las mercancías que se adquieren en los comercios. Sirven como morrales para cargar libros, ropa y calzado (frecuentemente sucios) y enseres, así como pañaleras, bolsas de viaje y para otras cosas más. Son poquísimas las personas que salen del súper sólo con sus bolsas “ecológicas”, más pocas las que van a la tienda de la esquina llevándolas consigo y, quizá, donde más se usan para el acarreo de alimentos es en los mercados y tianguis, pero no mucho.

Las bolsas “ecológicas” no incluyen leyendas que informen a las personas sobre el uso apropiado de las mismas. Una de las advertencias principales debería ser que esas bolsas no son de “mil usos” y que para cada uso diferente deben tenerse bolsas diferentes. Tampoco advierten que se deben lavar con agua y jabón cada dos o tres usos para eliminar los residuos de polvo, alimentos, mugre y demás sustancias que favorecen el desarrollo de hongos y bacterias que pueden representan un riesgo sanitario para quienes las utilizan sin lavarlas.

Un estudio independiente realizado en Estados Unidos encontró que prácticamente la totalidad de las bolsas “ecológicas” sometidas a pruebas microbiológicas dieron positivo a bacterias y hongos, un 51% a coliformes y 12% a Escherichia Colli. Casi la mitad de las bolsas se usaban una vez a la semana y un 40% entre 2 y 3 veces. El 96% de las bolsas nunca habían sido lavadas en su vida útil. Ninguna bolsa tenía advertencias acerca de su forma de uso.

La mayoría de quienes venden las bolsas “ecológicas” no las someten a controles toxicológicos para prevenir la presencia de metales pesados como el plomo. En un estudio realizado en Estados Unidos a 44 bolsas “ecológicas” se encontró que 21 (el 48%) contenían niveles de plomo muy superiores a las 100 partes por millón que es el límite permitido para empaques, 14 de ellas arriba de las 200 partes y 7 bolsas entre las 300 y 697 partes por millón.

No hay evidencia de que las bolsas “ecológicas” se puedan reciclar o ya se reciclen. Por ende, su destino final son los rellenos sanitarios o los tiraderos. Al volumen ocupado por las bolsas “ecológicas” hay que añadirle el volumen de las bolsas para basura (las medio llenas) con lo que queda en duda su pertinencia para ahorrar espacio en sitios de disposición final.

Ah, se me pasaba… A los plasti-fóbicos les tengo una mala noticia. Las bolsas “ecológicas” también son de plástico, de un plástico proveniente del petróleo porque están hechas de tela no tejida de polipropileno, primo hermano del polietileno al que tanto atacan.

Como dicen los gringos, en el “bottom line” el asunto de las bolsas “ecológicas” no es de cuño ambiental sino mercadológico y económico porque ni reemplazan las bolsas de polietileno que suponen reemplazar, ni son más económicas que las “méndigas bolsas del súper”, tampoco reducen el espacio en los rellenos sanitarios o tiraderos, no se sabe si ya se reciclan y “pior aún” representan riesgos a la salud de quienes las utilizan.

En cambio, la venta de las dichosas bolsas “ecológicas” induce a la compra de bolsas para basura –un negocio adicional- y sirve como un redituable medio publicitario para elevar la imagen “verde” de quienes las ofrecen porque incluyen frases como “Por un planeta mejor”, “Cuidemos al mundo”, “Ahorra dinero, vive mejor” que resultan atrayentes al consumidor.

¿Qué pasaría si esas bolsas llevaran leyendas como las siguientes? “También soy de plástico”, “Lávame cada dos usos porque puedo desarrollar bacterias que pondrían en riesgo tu salud” o “Lead-Free Untested”, o quizá “No te sirvo para almacenar tu basura, compra otras bolsas”…

Las grandes marcas que ofrecen las bolsas “ecológicas” a sus clientes hacen gala de esto en sus Reportes de Sustentabilidad. Lo que no dicen en esos reportes es lo que no le dicen al consumidor acerca del propósito último de venderle estas bolsas, del costo oculto detrás de la compra de las mentadas bolsas, de los riesgos sanitarios que inducen al no advertirles de ellos a quienes las adquieren y reutilizan sin los cuidados adecuados y, en su caso, de si las bolsas que compran en China satisfacen los criterios de contenido de plomo en empaques.

¿Qué dirían los consumidores que se sienten “ecológicos” por tener sus bolsas reusables si supieran todo esto? ¿Seguirían usándolas? ¿Las lavarían terciado? Cada lavado de una bolsa reusable implica un gasto de agua 3 veces mayor y un gasto de energía 70% mayor a los requeridos para fabricar el mismo número de bolsas de polietileno.

Así como en anteriores Cartas al Industrial hablé de las declaraciones ambientales engañosas y de las prácticas desleales para beneficiarse comercialmente del supuesto, muy cacareado pero todavía no comprobado impacto ambiental de los plásticos, en esta hago referencia a otra manera de “ser verde con la magia” de soluciones carentes de sustento científico. Hago constar que la frase “con ser verde con la magia” no la acuñé yo, la escuché en días pasados de alguien más que así la dijo en público.

¡Qué lástima que en México no se adopten política para prevenir las declaraciones ambientales engañosas como lo están haciendo en Alabama y Carolina del Norte o como se hizo hace unos años en California! Lo lamentable es que empresas que del otro lado del Bravo se someten a esas reglas, en México hagan como que la Virgen les habla en estos asuntos.

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

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