lunes, 29 de abril de 2013

Para el Día del Niño...


A los diez años tuve mi primera cuenta en el banco “para que aprendiera a ahorrar”. Medio siglo después nos dicen que tenemos que educarnos...


En aquellos entonces, los bancos abrían los sábados, y mi padre –Don Eduardo- me llevó a la oficina matriz del Banco de Comercio de Torreón a que abriera mi primera cuenta pues quería que me educara en el ahorro y en el uso de los servicios bancarios. No obstante ser el gerente de ese banco, me tocó hacer fila con Marthita, la subgerente, que tomó mis datos, recabó mi firma y la de mi padre y me entregó la libreta verde donde la máquina registradora había impreso la cifra de 54 pesos, el primer depósito, sacado de la alcancía de plástico –conste- que minutos antes había vaciado sobre su escritorio. Mis domingos se redujeron a la mitad por la “retención voluntaria” para hacer efectivo ese aprendizaje y el hábito de ahorro.

El viernes pasado, en Acapulco, los banqueros hablaron en forma insistente y sesuda acerca de la “profundización” y de la “educación” financiera refiriéndose a la urgente necesidad de que más mexicanos tengan una cuenta de banco y que la tengan desde jóvenes, para así dinamizar más el sistema financiero del país atrayendo el dinero de quienes desde hace mucho lo guardan debajo del colchón o en cajas de zapatos usadas en un rincón del closet.

La medida no creo que sea tan voluntaria como parece ante las declaraciones de sus dirigentes. Más bien, creo, es una respuesta anticipada a la reforma financiera que viene donde se verán obligados a canalizar más crédito al sector privado, en especial las PyMEs.

Al gobierno le tocará también poner algo de su parte. El impuesto a los depósitos en efectivo limita la “profundización” porque el cuentahabiente potencial está bastante educado y sabe que si sus ingresos son en efectivo, poco le sirve tener una cuenta en el banco si le quitan el 3% de estos cuando exceden los 15 mil pesos en un mes. Una familia de 4.3 personas –el promedio nacional- donde al menos la mitad trabaja por su cuenta está sujeta a este impuesto si su ingreso alcanza 4 salarios mínimos diarios, es decir, 238 pesos.

En el caso del crédito a las PyMEs, la situación no es diferente. Las regulaciones permiten que los bancos exijan garantías muy superiores al valor del dinero prestado. Por ejemplo, un industrial que quiere adquirir maquinaria o equipo por “equis” cantidad tiene que dar en garantía tres veces ese monto, dos de colateral y uno por el bien que va a adquirir.

Por eso, al menos en la industria del plástico y en muchas más, el crédito descansa en los proveedores que, a su vez necesitan respaldarse con otros créditos o a través del precio de sus mercancías, lo cual induce a una inflación de costos indeseable para la competitividad de la cadena proveedor-cliente.

Ya no hablemos de las tasas de interés que son punto aparte y que reflejan una de dos: la ineficiencia del sistema bancario traducida en altos costos o su avidez por las ganancias.

En fin, que para ser Día del Niño, las noticias no son malas aunque falta ver cómo esas buenas intenciones se convierten en buenas acciones.

Otra declaración relacionada con la convención bancaria es la que escuché la noche del viernes en una entrevista que le hicieron al Secretario de Hacienda, Luis Videgaray. La incluyo en esta Cartas al Industrial porque la juventud del funcionario me da pie a que lo relacione con lo que mañana festejamos, y no porque piense que lo dicho por él es algo infantil, conste.

El Secretario Videgaray decía acerca de México que “nuestro crecimiento no va a provenir de situaciones favorables en el entorno internacional”, asunto que –como el chiste de Pepito, el Elefante y el Gusano- es pertinente y me remite a algo que ya les he comentado antes.

Aunque la macroeconomía esté bien, los signos externos que se podrían considerar como favorables para un crecimiento en 2013 mayor al de 2012 están muy borrosos. La situación financiera mundial es muy endeble. Chipre ya nos lo hizo ver, no obstante su pequeñez. El desempleo en España sigue creciendo. La Señora Merkel no va a arriesgar su liderazgo por salir a rescatar a otros países europeos. La economía de los vecinos del norte sigue avanzando a paso lento y su problema de déficit fiscal aún no se resuelve. De ahí que la parte de nuestra industria que atiende los mercados internacionales no tenga un panorama tan halagador.

Los índices del consumo doméstico siguen aplanados, en términos reales, todavía son negativos. No sólo los Índices de la ANTAD a tiendas iguales en el primer trimestre sino también los del INEGI de enero-febrero, tanto el general como en todos sus rubros excepto los automóviles y las motocicletas. Insisto, los índices del comercio al menudeo son el mejor termómetro del consumo de la población y, en última instancia, de muchos plásticos.

Los Indicadores infoplas para el primer cuatrimestre, actualizados ayer, muestran que la producción de artículos de plástico cayó 1.6% respecto del período enero-marzo de 2012 mientras que las ventas crecieron 2%, lo cual evidencia una importante reducción de los inventarios por parte de los transformadores ante la aparente atonía de la demanda.

No obstante las condiciones desfavorables en los mercados, los resultados de las empresas podrían no estar siendo tan desalentadores ya que los precios de los artículos de plástico aumentaron 4.5% en moneda nacional y 8% en dólares, permitiendo que el Margen Bruto de Transformación de la industria se incrementara 2% en pesos y 5.8% en billetes del Tío Sam.

En síntesis, si bien los mercados están deprimidos, la producción “en rojo” y contenida para aligerar los inventarios, el renglón final de los transformadores parece estar en mejores condiciones gracias a una mejoría en precios y en el tipo de cambio.

Ante esto, la opción para crecer arriba del 5% en 2013 sigue siendo quitarle mercado a otros, dentro y fuera de nuestro territorio. Al interior, quitarle clientes y ventas a quienes los abastecen desde el exterior y nos desplazan, es decir, las importaciones que en 2012 sumaron la friolera de 3.6 millones de toneladas con valor de 11,450 millones de dólares. Recuperar la mitad del mercado perdido ante las 528 mil toneladas adicionales de plástico importado en 2012 nos llevaría a crecer en la producción casi un 5.5%. Recuperar más mercado de las importaciones nos llevaría a crecimientos en la producción no vistos desde 2000.

Igual, en el exterior podemos capturar más mercado si nos lo proponemos entre todos. Hablo no sólo de los plastiqueros sino también de sus proveedores de resina. Todos los fabricantes de resina exportaron sus productos a precios menores al doméstico. Las diferencias oscilan entre los 100 y hasta los 400 dólares por tonelada de modo que si entre ambas partes “se pusieran la del Puebla”, los transformadores tendrían una ventaja en la exportación nada despreciable y con eso ambos ganarían.

Decir que no se puede sin intentarlo, equivale a meter la cabeza en un agujero…

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

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