A los diez años tuve mi primera cuenta en el banco
“para que aprendiera a ahorrar”. Medio siglo después nos dicen que tenemos que
educarnos...
En aquellos
entonces, los bancos abrían los sábados, y mi padre –Don Eduardo- me llevó a la
oficina matriz del Banco de Comercio de Torreón a que abriera mi primera cuenta
pues quería que me educara en el ahorro y en el uso de los servicios bancarios.
No obstante ser el gerente de ese banco, me tocó hacer fila con Marthita, la
subgerente, que tomó mis datos, recabó mi firma y la de mi padre y me entregó
la libreta verde donde la máquina registradora había impreso la cifra de 54
pesos, el primer depósito, sacado de la alcancía de plástico –conste- que
minutos antes había vaciado sobre su escritorio. Mis domingos se redujeron a la
mitad por la “retención voluntaria” para hacer efectivo ese aprendizaje y el
hábito de ahorro.
El viernes
pasado, en Acapulco, los banqueros hablaron en forma insistente y sesuda acerca
de la “profundización” y de la “educación” financiera refiriéndose a la urgente
necesidad de que más mexicanos tengan una cuenta de banco y que la tengan desde
jóvenes, para así dinamizar más el sistema financiero del país atrayendo el
dinero de quienes desde hace mucho lo guardan debajo del colchón o en cajas de
zapatos usadas en un rincón del closet.
La medida no
creo que sea tan voluntaria como parece ante las declaraciones de sus
dirigentes. Más bien, creo, es una respuesta anticipada a la reforma financiera
que viene donde se verán obligados a canalizar más crédito al sector privado,
en especial las PyMEs.
Al gobierno le
tocará también poner algo de su parte. El impuesto a los depósitos en efectivo
limita la “profundización” porque el cuentahabiente potencial está bastante
educado y sabe que si sus ingresos son en efectivo, poco le sirve tener una
cuenta en el banco si le quitan el 3% de estos cuando exceden los 15 mil pesos
en un mes. Una familia de 4.3 personas –el promedio nacional- donde al menos la
mitad trabaja por su cuenta está sujeta a este impuesto si su ingreso alcanza 4
salarios mínimos diarios, es decir, 238 pesos.
En el caso del
crédito a las PyMEs, la situación no es diferente. Las regulaciones permiten
que los bancos exijan garantías muy superiores al valor del dinero prestado.
Por ejemplo, un industrial que quiere adquirir maquinaria o equipo por “equis”
cantidad tiene que dar en garantía tres veces ese monto, dos de colateral y uno
por el bien que va a adquirir.
Por eso, al
menos en la industria del plástico y en muchas más, el crédito descansa en los
proveedores que, a su vez necesitan respaldarse con otros créditos o a través
del precio de sus mercancías, lo cual induce a una inflación de costos
indeseable para la competitividad de la cadena proveedor-cliente.
Ya no hablemos
de las tasas de interés que son punto aparte y que reflejan una de dos: la
ineficiencia del sistema bancario traducida en altos costos o su avidez por las
ganancias.
En fin, que
para ser Día del Niño, las noticias no son malas aunque falta ver cómo esas
buenas intenciones se convierten en buenas acciones.
Otra
declaración relacionada con la convención bancaria es la que escuché la noche
del viernes en una entrevista que le hicieron al Secretario de Hacienda, Luis
Videgaray. La incluyo en esta Cartas al Industrial porque la juventud del
funcionario me da pie a que lo relacione con lo que mañana festejamos, y no
porque piense que lo dicho por él es algo infantil, conste.
El Secretario
Videgaray decía acerca de México que “nuestro crecimiento no va a provenir de
situaciones favorables en el entorno internacional”, asunto que –como el chiste
de Pepito, el Elefante y el Gusano- es pertinente y me remite a algo que ya les
he comentado antes.
Aunque la
macroeconomía esté bien, los signos externos que se podrían considerar como
favorables para un crecimiento en 2013 mayor al de 2012 están muy borrosos. La
situación financiera mundial es muy endeble. Chipre ya nos lo hizo ver, no
obstante su pequeñez. El desempleo en España sigue creciendo. La Señora Merkel
no va a arriesgar su liderazgo por salir a rescatar a otros países europeos. La
economía de los vecinos del norte sigue avanzando a paso lento y su problema de
déficit fiscal aún no se resuelve. De ahí que la parte de nuestra industria que
atiende los mercados internacionales no tenga un panorama tan halagador.
Los índices
del consumo doméstico siguen aplanados, en términos reales, todavía son
negativos. No sólo los Índices de la ANTAD a tiendas iguales en el primer
trimestre sino también los del INEGI de enero-febrero, tanto el general como en
todos sus rubros excepto los automóviles y las motocicletas. Insisto, los
índices del comercio al menudeo son el mejor termómetro del consumo de la
población y, en última instancia, de muchos plásticos.
Los Indicadores infoplas para el
primer cuatrimestre, actualizados ayer, muestran que la producción de artículos
de plástico cayó 1.6% respecto del período enero-marzo de 2012 mientras que las
ventas crecieron 2%, lo cual evidencia una importante reducción de los
inventarios por parte de los transformadores ante la aparente atonía de la
demanda.
No obstante
las condiciones desfavorables en los mercados, los resultados de las empresas
podrían no estar siendo tan desalentadores ya que los precios de los artículos
de plástico aumentaron 4.5% en moneda nacional y 8% en dólares, permitiendo que
el Margen Bruto de Transformación de la industria se incrementara 2% en pesos y
5.8% en billetes del Tío Sam.
En síntesis, si
bien los mercados están deprimidos, la producción “en rojo” y contenida para
aligerar los inventarios, el renglón final de los transformadores parece estar
en mejores condiciones gracias a una mejoría en precios y en el tipo de cambio.
Ante esto, la
opción para crecer arriba del 5% en 2013 sigue siendo quitarle mercado a otros,
dentro y fuera de nuestro territorio. Al interior, quitarle clientes y ventas a
quienes los abastecen desde el exterior y nos desplazan, es decir, las
importaciones que en 2012 sumaron la friolera de 3.6 millones de toneladas con
valor de 11,450 millones de dólares. Recuperar la mitad del mercado perdido
ante las 528 mil toneladas adicionales de plástico importado en 2012 nos
llevaría a crecer en la producción casi un 5.5%. Recuperar más mercado de las
importaciones nos llevaría a crecimientos en la producción no vistos desde
2000.
Igual, en el
exterior podemos capturar más mercado si nos lo proponemos entre todos. Hablo
no sólo de los plastiqueros sino también de sus proveedores de resina. Todos
los fabricantes de resina exportaron sus productos a precios menores al
doméstico. Las diferencias oscilan entre los 100 y hasta los 400 dólares por
tonelada de modo que si entre ambas partes “se pusieran la del Puebla”, los
transformadores tendrían una ventaja en la exportación nada despreciable y con
eso ambos ganarían.
Decir que
no se puede sin intentarlo, equivale a meter la cabeza en un agujero…
Atentamente,
Eduardo de
la Tijera Coeto

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