martes, 7 de mayo de 2013

El Mercado de Plásticos Biodegradables...

No lo digo yo, lo dice IHS antes CMAI, la firma extranjera de consultoría preferida de muchos industriales mexicanos: El mercado de plásticos biodegradables crecerá a tasas cercanas al 15% anual...

Así lo reportó Plastics News el lunes antepasado en  su sitio de internet. Se puede consultar en (http://www.plasticsnews.com/article/20130422/NEWS/130429995/report-biodegradable-plastics-demand-growing-15-percent-annually).

IHS indica y atribuye tal dinamismo a dos factores: la presión de los consumidores y las legislaciones (en contra de los plásticos). Califica al mercado actual como “joven” y “todavía pequeño” aunque apunta que esos dos factores serían los responsables del rápido crecimiento que ellos estimaron. Apunta que los productos plásticos en los que más se expresaría esta tendencia serían los empaques para alimentos y los artículos de servicio para alimentos (“food-service”).

Aunque en la nota de Plastics News menciona de manera específica las prohibiciones a las bolsas, en el resumen de IHS se mencionan otros factores regulatorios asociados a Europa, principalmente, como la Directiva sobre residuos de empaques plásticos, “ciertas” prohibiciones a las bolsas y otras regulaciones sobre recolección y disposición final de los residuos sólidos para minimizar su confinamiento en rellenos sanitarios.

Los segmentos de la demanda que IHS analizó incluyen los empaques para alimentos, vajillas y cubiertos (desechables), los empaques espumados, las bolsas para basura orgánica (las refiere como bolsas compostables), películas para recubrimiento de papel, plásticos agrícolas y hortícolas, además de un renglón de “otros” que quizá sea el de menor tamaño.

IHS estima que la demanda de plásticos biodegradables en 2012 ascendió a 269 mil toneladas y sus proyecciones la llevan hasta 525 mil toneladas en 2017, es decir, un crecimiento anual promedio de 14.3%, envidiable para cualquier mercado. Apunta que el grueso de la demanda se localiza en Europa, seguida de los Estados Unidos y en menor medida Asia.

En el análisis que llevó a cabo IHS también tomó en cuenta varios asuntos (“issues”) relacionados con los plásticos biodegradables como su procesabilidad, su reciclabilidad y el efecto en la posible contaminación de las corrientes de otros residuos plásticos reciclables y su estandarización, así como los aditivos degradantes refiriéndose solamente a los “oxo”.

De la misma manera, centra su análisis en cinco familias de materiales plásticos (resinas): el ácido poliláctico (PLA), los polímeros basados en almidón, los polihidroxialcanoatos, las policaprolactonas y los copoliésteres alifáticos y aromáticos basados en petróleo. No menciona las poliolefinas y otras resinas termoplásticas que no son biodegradables de acuerdo a los estándares ASTM D6400, D6866 y D6868 y sus homólogos europeos. Igualmente hace referencia a los organismos certificadores como el Biodegradable Products Institute de los Estados Unidos, la DIN Certco de Alemania, o Vincotte de Bélgica.

Dado que algunos materiales biobasados como el polietileno obtenido de etileno proveniente de alcohol de caña no son biodegradables conforme los establecen los estándares considerados en el estudio, no se incluyeron en la cuantificación de la demanda en 2012 ni en las proyecciones a 2017.

Es decir que los materiales y productos plásticos biodegradables analizados se circunscriben a aquellos que satisfacen los requerimientos de compostabilidad establecidos en los estándares referidos en el reporte.

Si bien las cifras y proyecciones que presenta el reporte son muy interesantes, igual apunta que los plásticos biodegradables analizados representan apenas el 1% del consumo total de plásticos en el mundo de modo que con todo y la gran dinámica que se prevé, seguirán constituyendo una porción bastante menor dentro de cinco años.

Las barreras para que el consumo de estos plásticos sea más amplio, IHS las ubica en dos aspectos: La limitada capacidad para el composteo de estos residuos y el precio de los materiales y, por ende, de los productos finales.

Si el primer asunto –la capacidad de compostaje- no se resuelve de manera suficiente y oportuna, el desarrollo del mercado de estos plásticos se vería obstaculizado en gran medida, lo apunta IHS, ya que al no poderse disponer en plantas de composta, el mayor precio no se justificaría pues al confinarlos en rellenos sanitarios, dejarían de ser biodegradables.

Con la información proporcionada por IHS y aún sin contar con el texto y las cifras completas (el reporte cuesta 5 mil dólares) lo divulgado por la firma consultora tiene un gran valor porque nos permite poner en perspectiva algo que se ha venido difundiendo por sin mucho respaldo analítico: Que los plásticos biodegradables pueden o incluso van sustituir a los plásticos derivados de hidrocarburos.

De acuerdo a lo pronosticado por IHS, en cinco años y con tasas anuales del 15%, los plásticos biodegradables representarían apenas el 1.7% del consumo total de plásticos en el mundo. Si esa tasa se mantuviera durante 35 años, la sustitución alcanzaría sólo el 50% y para que fuese total se requerirían otros 7 años más, es decir, 42 años en total.

Lo anterior, a todas luces, echa por tierra la hipótesis de la sustitución de los plásticos derivados del petróleo por los biodegradabes. Más aún, deja mal parados a quienes abogan por la sustitución o incluso la prohibición de ciertos plásticos (las bolsas, el EPS) bajo la falsa premisa de que hay sucedáneos biodegradables que los podrían reemplazar.

La realidad es que aún existiendo los productos sustitutos, la sustitución sería parcial –diría marginal- y costosa. Además, si no hay una infraestructura para procesar esos plásticos mediante compostaje o los residuos no se recolectan en forma separada, la sustitución perderá sentido en lo ambiental.

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto

PD: Los plásticos aditivados con degradantes no fueron considerados en el análisis y las proyecciones de demanda de IHS porque, de acuerdo al marco de referencia que sus consultores definieron, dichos plásticos no consideran como biodegradables al no estar en conformidad con los estándares de biodegradabilidad referidos en el reporte.

Nota: El resumen del reporte publicado por IHS lo pueden consultar en su sitio en internet:
http://www.ihs.com/products/chemical/planning/ceh/biodegradable-polymers.aspx.

viernes, 3 de mayo de 2013

To BPA-Free or Not to BPA-Free...


Desde la minifalda no había surgido una moda que atrajera más a los medios que las paranoias acerca del Bisfenol-A...


Siento mucho interrumpirles de nuevo. Algunos dirán que no tengo chamba y por eso escribo tan seguido. Otros se compadecerán de mí pensando que me abandonaron y quizá haya quienes caigan en cuenta que las cosas suceden más rápido que antes porque el mundo gira alrededor de su eje cada 24 horas y no habíamos reparado en esto.

Hace días, la Diputada Federal Eva Diego Cruz del PRD presentó una proposición de punto de acuerdo en San Lázaro que busca exhortar a la Comisión Federal para la Prevención contra Riesgos Sanitarios (la COFEPRIS) a fin de que “emita medidas a fin de limitar el uso de productos que contengan bisfenol A en el embazado de alimentos” y también “prohíba la producción y la venta de biberones de policarbonato, así como de productos que contengan bisfenol-A utilizados para la alimentación de bebes”. La cita es textual de modo que los errores ortográficos no son míos, aunque el subrayado sí es de mi coleto. Seguramente la diputada se refería al “embazado” como la acción del bazo (órgano de la cavidad intestinal) mediante la cual contiene al resto de los órganos del cuerpo humano y a los “bebes” porque le preocupa el rampante consumo de bebidas alcohólicas en los menores de edad.

Como dicen que en las Cartas al Industrial soy sarcástico, debo confesar que en esta ocasión sí lo estoy siendo (no niego que en otras también) pero la falta de dominio del procesador de palabras de la misma diputada me da pie a que resalte sus barbaridades, máxime que forman parte de un documento oficial de nuestra máxima representación nacional. En fin…

La diputada habla de prohibiciones en Canadá, Europa y Estados Unidos que no son tales. Omite que ninguna autoridad sanitaria ha puesto al policarbonato en la lista de materiales prohibidos para contacto con humanos. Su causa la fundamenta en dichos y en estudios que las entidades oficiales no han acreditado. Según yo, sólo busca atraer los reflectores…

El BPA, mote dado al Bisfenol-A como J-Lo a Jennifer López o CR-7 a Cristiano Ronaldo, es un producto químico que convive con nosotros desde antes que la mayoría tuviéramos uso de razón. Sirve como endurecedor de las resinas epoxi –Aldimir, corrígeme si yerro- y como el monómero en la fabricación de policarbonatos.

Aunque deriva del fenol, no es como el fenol, como dirían algunos hijos de malosos o de políticos de dudosa probidad. Al emplearse como monómero, es tan igual para el policarbonato como lo es el ácido tereftálico (TPA) para el PET, sin que esto signifique que el BPA o el TPA actúen solitos una vez polimerizados. En otras palabras, el contenido de BPA libre en el policarbonato o en las resinas epoxi se puede controlar tanto como se quiera y como la aplicación lo exija.

La fama del BPA deviene de un furor mediático por dar cabida a reportes de quimi-fóbicos o plasti-fóbicos donde, para demostrar que un compuesto químico hace daño, atiborran a ratones o a otros animales de tal compuesto de modo que la consecuencia lógica es que se les boten los ojos, se les caiga la cola, tengan mutaciones o incluso desarrollen cáncer.

Así ocurrió hace casi 40 años cuando yo estaba en Detroit, siendo el único mexicano cerca de Chicago con alguna noción de química y el Gobierno Mexicano me pidió que asistiera a una conferencia de la EPA donde se hablaría de los bifenilos policlorados.

El aquelarre en contra de los PCBs estaba previamente montado. Investigadores de Italia y otros países mostraron “evidencias” de que los PBCs ocasionaban trastornos en los animales si su dieta de maicito o algas se sustituía por la misma cantidad del “horripilante” químico.

Imagínense qué pasaría si en vez de sus sagrados alimentos se atiborraran sólo con litros y más litros de agua o de jugo de toronja. ¿A los cuántos días estarían anémicos o con una gastritis matadora? Cambien el agua o el jugo por aceite de ricino, por detergente líquido o aceite automotriz y no tendrán que imaginarse cómo se sentirán a media semana.

Eso pasó con el BPA. En dosis extremas, claro que hace daño. Las dosis aplicadas a ratones son mil veces mayores a las dosis permitidas por la FDA en humanos. ¿Será que los ratones son mil veces más resistentes que nosotros? No lo creo, aunque “los ratas” seguro que sí lo son…

Estas “evidencias” las explotaron a cual más los medios de comunicación porque les daba “rating”. Imaginen a Galiela o a Laura Bozo discurriendo en sus programas sobre los efectos del BPA en la alteración genética, el desarrollo del cáncer y –ahora que está en oídos de todos- la obesidad de los mexicanos. ¡Bendito BPA dirían los productores de frituras!...

La proposición de la Diputada Diego Cruz deberá seguir su curso en San Lázaro. Si es que la aprueban, el exhorto tendrá que llegar a la COFEPRIS que no podrá tramitarlo sin antes iniciar una investigación, recabar evidencias, llamar a especialistas, analizar los datos y, ya después, emitir su veredicto. Con todo esto, todavía hoy podríamos decidir embarazarnos, esperar los nueves meses para el parto, tener al chamaco o la chamaca y darle su fórmula en biberones de policarbonato antes de que los prohíban.

Decirse “BPA-Free” es la moda. Así se etiquetan muchos productos, ya sean botellas, tazas o thermos de aluminio, vasos de cartón, vajillas de cerámica. En una de esas igual podrían decir las cremas para el acné, los condones o las escobas, los servicios bancarios o los parquímetros en el DF. El chiste está en verse como protectores de la salud de sus clientes.

La paranoia BPA-fóbica no queda ahí, en las resinas epoxi o en el policarbonato. No faltan los blogs y correos que dicen que el PET, el poliestireno expandido y los demás plásticos usan BPA como materia prima o liberan BPA u otra sustancia tóxica y advierten de manera alarmista ¡No tomes agua embotellada! ¡No compres chicharrones, esquites o helados en Coyoacán que vengan en charolas o vasos de unicel! ¡No toques el volante de tu auto, usa guantes o te dará artritis! ¡Usa condones biodegradables para no quedar estéril o impotente!

La desgracia es que estas fobias se reproducen en todo tipo de medios. En notas periodísticas, en blogs, en correos masivos y en las redes sociales abriendo así una multiplicidad de frentes difíciles de combatir. Las conferencias de prensa o una página en internet son ineficaces para presentar los desmentidos porque ese no pelean el principal campo de batalla.

La diputada, los “defensores” de la salud o del medio ambiente, los medios y muchos otros buscan hacer su agosto a costa de la desinformación y del sensacionalismo. Lo menos que debemos hacer es denunciarlos públicamente, aunque no les guste.

Atentamente,

Eduardo de la Tijera Coeto